miércoles, 23 de enero de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (IX)

Hoy he abierto el libro de la memoria por la(s) página(s) de la arquitectura naval o arte de construir embarcaciones. A  todos lo santos le llega su día. En la construcción naval hay piezas principales, otros maderos y puntales, cuadernas y piezas curvas, tablones y forros y rellenos y otras piezas. De la familia de las piezas principales son la obra muerta (la parte del casco que está por encima de la línea de flotación), la quilla (pieza que va de popa a proa por la parte inferior del barco y en que se asienta toda su armazón), el estrave (remate de la quilla del navío, que va en línea curva hacia la proa),   el codillo (cada uno de los extremos de la quilla, desde los cuales arrancan, respectivamente, la roda y el codaste), el talón (corte oblicuo en la extremidad posterior de la quilla, para ajustar la madre del timón), la zapata (tablón que se clava en la cara inferior de la quilla para defenderla de las varadas), la sobrequilla (madero colocado de popa a proa por encima del trabazón de las varengas, y fuertemente empernado a la quilla) y la contraquilla (pieza que cubre toda la quilla por la parte interior). Y también son de esta familia el codaste (madero grueso puesto verticalmente sobre el extremo de popa de la quilla), el contracodaste (pieza de igual figura que el codaste que se coloca para reforzarlo),  el yugo (cada uno de los tablones curvos horizontales  que se endientan en el codaste y forman la popa del barco), la aleta (cada uno de los dos maderos corvos que forman la popa), el escudo y el barrón (arco de hierro hincado por sus extremos en el espejo de popa). Una tercera subfamilia sería la roda (pieza gruesa y curva que forma la proa de la nave),  el pie de roda (pieza curva en que remata la quilla por la parte de proa y en la que se empalma la roda), el caperol (extremo superior de la roda en las embarcaciones menores), el brión (el pie de roda), la contrarroda (pieza de igual figura que la roda y empernada a ella por su parte inferior), el contrabranque (o sea, la contrarroda), la albitana (que viene siendo la contrarroda o contracodaste de una embarcación menor), el muz (sic) (que es la extremidad superior y más avanzada del tajamar), el acrostolio (espolón de las embarcaciones antiguas o adorno en la proa de las naves),  el beque (obra exterior de la proa)...  Y el tajamar. Para mí la más bonita de las palabras de todos los nombres de las piezas de un buque. La de más eufonía. La de sonoridad más agradable. Hace años redacté, mejor dicho, pergeñé, o sea, ejecuté con poca habilidad, una narración, una etopeya, que titulé, precisamente, así: “Capitán Tajamar”. ¡Qué bien suena!, ¿verdad?  (Perdonad la pequeña digresión. El tajamar es el tablón de forma curva, ensamblado en la parte exterior de la roda).



De la parentela de otros maderos y puntales son la toza (sic) el madero de cuenta (cada una de las piezas de madera sobre que se funda el casco de un buque), el alefriz (ranura que se abre en una pieza, para que en ella encajen los cantos o cabezas de los tablones),  el bao (cada una de las piezas de la armazón de un buque que atraviesan de un costado a otro y sostienen la cubierta), el durmiente (madero colocado horizontalmente y sobre el cual se apoyan otros horizontales y verticales), el contradurmiente (tablón unido al durmiente para reforzarlo por la parte inferior),  el trancanil (serie de maderos tendidos desde la proa a la popa, para ligar los baos a las cuadernas y al forro exterior), la madre (cuartón grueso de madera, que va desde el alcázar al castillo), el brazal (cada uno de los maderos fijados por sus extremos en una y otra banda desde la serviola al tajamar), la cerreta o brazal (madero fijo en la serviola), la percha, el estanterol (madero que en las galeras se colocaba a popa en la crujía y sobre el cual se afirmaba el tendal), el singlón, el genol, la cochinata (cada uno de los maderos de la parte inferior de la popa, endentados en el codaste),  las cuerdas, las esloras, la bordinga (madero que se usa como refuerzo),  el dragante (en embarcaciones menores, madero colocado a pie del trinquete, sobre el cual descansa el bauprés),  el chique (madero de refuerzo), el calzo (cada uno de los maderos que se usan a bordo para apoyar objetos pesados), el postelero puntal que sujeta las mesas de guarnición), el macarrón, el contrete, el charrancho, el barrotín y la barbilla.           
Con tanto bailoteo de nombres substantivos de maderos y maderas ya estoy un tanto confuso, indeciso y perplejo: ya no sé si soy nauta o carpintero de ribera. Hablando de nautas recuerdo los rudimentos y las nociones elementales del latín. Como todos sabemos, o casi todos, el latín no observa el mismo orden que el castellano en la colocación de las palabras en la oración. El sujeto, el verbo y los complementos pueden estar colocados en un orden cualquiera, sin que el sentido se altere. Así, la frase puella vocat nautam (la niña llama al marinero),  puede escribirse también en las formas siguientes: puella nautam vocat; nautam vocat puella; nautam puella vocat; vocat puella nautam; vocat nautam puella.
De las cuadernas y piezas curvas hablaremos otro día.     

martes, 15 de enero de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (VIII)

Pues, sí. Mi unicornio azul... “Si alguien sabe de él, / le ruego información, / cien mil o un millón / yo pagaré. / Mi unicornio azul / se me ha perdido ayer, / se fue.” Y, como dice el viejo tango, desde que se fue, nunca más volvió.
Vamos a reanudar lo de la jarcia. Dispuestas paralelamente las fibras vegetales en la operación de elaborar la jarcia, unas a continuación de otras y con sus extremidades intercaladas, al torcerlas o colcharlas de derecha a izquierda se obtienen las filásticas . La resistencia a la ruptura de una filástica de cáñamo acostumbra a ser de 45 kg. El colchado del cabo aumenta su elasticidad y resistencia a los esfuerzos de tensión por los esfuerzos de las fibras, lo menos en un tercio. Varias filásticas colchadas de derecha a izquierda, o sea, al revés del torcido de las mismas, constituye un cordón. Los cordones de una beta, guindaleza o calabrote deben tener el mismo número de filásticas, y éstas, a su vez, igual peso, torcido y calidad.


Por la elaboración y número de cordones, los cabos se denominan estacha o guindaleza, y calabrote. Hay guindalezas de tres y cuatro cordones; en las de tres la colcha es de izquierda a derecha; las de cuatro llevan un cordón interior de cáñamo o alma, colchado al revés, el cual no supone aumento en la resistencia, siendo su objeto llenar el espacio interno de los cordones a fin de mantener la forma de la guindaleza; la mena de las guindalezas usadas a bordo varía en la mayoría de los casos entre 116 y 331 mm.
El calabrote consta de nueve cordones colchados de tres en tres en guindaleza, y éstas lo están a su vez al revés o a la izquierda. La mena de los calabrotes se encuentra comprendida entre 70 y 337 mm, y a los de mayor grosor, empleados antes en el fondeo de las anclas, se les denominaba cables. También hay una clase de calabrotes de doce cordones , cuatro guindalezas y alma de cáñamo, pero que hoy apenas si se ven. A igualdad de mena, los calabrotes presentan cordones más delgados y por ello la diferencia de torsión entre los hilos centrales y los de la circunferencia es menor, resultando así más uniformes en resistencia y con la ventaja de que si se rompe un cordón no se debilita tanto como una guindaleza. El mayor trenzado del calabrote supone una dificultad a la penetración del agua y de ahí de que sean más duraderos. A fuerzas iguales, la relación entre el grueso de las guindalezas y calabrotes es de 8 a 10, y el alargamiento, inferior en las primeras.



La jarcia colchada al revés, del modo antes dicho, toma el nombre de jarcia de guillotina, y como los cabos elaborados así resultan muy broncos, casi no se emplea.
Para impedir la penetración de la humedad en el interior de los cabos y preservarlos de la destrucción por agentes atmosféricos, se alquitranan, lo cual puede hacerse cuando ya están colchados o antes; el último procedimiento de alquitranar cada filástica por separado, permite una mayor penetración del alquitrán y por tal motivo es el corrientemente utilizado. El alquitrán mejor es el de Suecia, dado en caliente a temperaturas de unos 75º y en cantidades del 13 o 14%; en la operación se tuercen las filásticas en el sentido de las fibras para impregnarlas bien y luego se prensan para quitarles el exceso de alquitrán, que es perjudicial por disminuir la resistencia del cabo al atacar la fibra. A cambio de la ventaja señalada antes, el alquitranado siempre hace perder a los cabos resistencia y flexibilidad; por esta razón solo se alquitrana la jarcia que deba estar a la intemperie y no precise ser flexible.
La impermeabilización de los cabos, cuando es necesaria, se hace con caucho o gutapercha líquida, o por inmersiones en mezclas de aceite de linaza, sebo, resina y bióxido de manganeso.
Alguien me ha dicho que estoy muy puesto en la materia. Gracias. Muy amable. ¡Pues, claro que estoy puesto! ¿No lo voy a estar? Y es que acuden a mi mente recuerdos, reminiscencias de otros tiempos, que necesito contar. Han sido muchos años de experiencia y práctica en buques y mares que no se olvidarán nunca. Jamás. En la vida...  

miércoles, 9 de enero de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (VII)

Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind)... Veréis. Os cuento: Tenía, yo,  un borrador, un bosquejo, un proyecto, y se fue con el viento. Tengo que averiguar qué viento fue el osado, el atrevido, y me va a oír. El esbozo, el esquema, desapareció de la pantallita. ¿Un virus? ¿Una bacteria? ¿Un germen? ¿Un microbio? ¡Una puñeta! Sí, se fue a hacer puñetas. “Mi unicornio azul / ayer se me perdió / no sé si se me fue, / no sé si se extravió, / y yo no tengo más que un unicornio azul... “
Bueno, ¿y de qué hablamos hoy? ¿De jarcias? Pues, venga, de jarcias. Jarcia, del bajo gr.  exartia, plural de exartion, y éste del verbo exartizo, equipar. Conjunto de aparejos y cabos de un buque; también se da este nombre a toda pieza entera de cabo: pieza de jarcia. La jarcia de un buque se divide en dos clases: jarcia firme o muerta y jarcia de labor. La jarcia firme la constituyen los cabos o alambres siempre fijos y que bien tensos sirven de sujeción a los palos, como barbiquejos, mostachos, vientos, frenillos, obenques, obenquillos, burdas, estayes, contraestayes y nervios. La jarcia de labor es la movible, y se emplea en aparejos, en bracear vergas, orientar y cargar velas, etc., como las drizas, para izar y arriar las vergas y algunas velas; bozas, que mantienen suspendidas las vergas mayores; trozas, destinadas a tener atracadas al palo las vergas mayores; a cada lado de las vergas mayores con el fin de evitar su traslación longitudinal durante los balances del buque; amantillos, que son aparejos entre los penoles de las vergas y lo palos, para cruzar aquéllas o embicarlas, y también en el penol de las botavaras para mantenerlas suspendidas a la altura deseada; brazas, para mover las vergas y tangones en el plano horizontal; contrabazas, usadas en las vergas mayores para bracearlas al máximo en la ceñida; racamentos, que unen las vergas de gavia a los masteleros respectivos, aunque dejándolas en libertad de correr a lo largo de éstos; rolines,  aparejos de balance de las gavias; cargaderas, que firmes en los penoles de las gavias, sirven para cargar aquéllas; ostas o aparejos que se emplean en orientar los picos de los cangrejos y cangrejas.


La jarcia se venía midiendo por su circunferencia  mena expresada en milímetros, mientras que la longitud lo es en metros; pero ahora, en particular la jarcia metálica, se acostumbra a medir ya por el diámetro. A bordo de los buques se conocen cuatro clases de jarcias: vegetal, de cuero, metálica y de fibras artificiales.
Entre las fibras vegetales más empleadas se encuentran el cáñamo (Cannabis sativa), procedente de la planta de este nombre. Los principales países cultivadores son Rusia e Italia, y en España goza de mucho aprecio el procedente de la vega de Granada. Las plantas deben se maceradas y secadas, procediendo luego a las operaciones de limpieza, rastrillado o peinado, selección en fibras de primera y segunda (los residuos constituyen la estopa, usada en calafatear) y, por último, al hilado.


 La jarcia de abacá se hace con fibras de la planta denominada científicamente Musa textilis, cultivada en Filipinas y otros países de Oceanía, y que vulgarmente también se conoce por manila. En Filipinas se cría, asimismo, el maguey o sisal, y el pacol o plátano silvestre. El sisal se distingue del abacá por su color más oscuro, fibras menos largas, limpias y resistentes; el pacol es inferior al sisal. La fibra de abacá produce una jarcia excelente , preferida a la de  cáñamo por su elasticidad y fuerza; además flota en el agua, pero su precio es más elevado y la duración menor.    
El yute, henequén y la pita abundan en la América central. El yute e más oscuro que el abacá, sus fibras también son más cortas y la humedad lo descompone, resultando una jarcia intermedia entre la de cáñamo y abacá. El henequén se halla comprendido entre el yute y el abacá, y la pita, de color más claro, hasta parecer cáñamo blanco y abacá tiene una resistencia de 1/10 la del cáñamo y no puede alquitranarse.  
La jarcia de coco, empleada en los grandes remolques, posee una flotabilidad superior a la del abacá, pero su resistencia no es tanta; viene a ser igual a la del cáñamo,  el peso una tercera parte el de éste. La palma o jarcia de fibras de palmera se usa en la pesca y en trabajos submarinos por no atacarla el agua ; su resistencia es 1/5 del cáñamo. El esparto solo se emplea por razones de su bajo precio en algunas embarcaciones de pesca y cabotaje, y en hacer defensas, pallets, etc.; resulta una jarcia ordinaria y muy poco resistente. También hay jarcia de lino y algodón.; la de algodón se utiliza en drizas de banderas, y en algunos yates, en pasamanos y escotas; el lino apenas si se usa.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (VI)


  Se llama rosa de los vientos o rosa náutica al círculo dividido en cierto número de ángulos o partes iguales por radios denominados rumbos o vientos. Es el círculo representativo del horizonte y se emplea en las agujas y cartas náuticas; también se llama, aunque poco corrientemente, rosa de la aguja y rosa de los rumbos.
A un observador situado en la mar o en el alto de una atalaya en tierra, dominando el horizonte cuyo centro ocupa, no le hace falta forzar mucho la imaginación para comprender claramente por qué ha recibido el nombre de rosa de los vientos la figura donde gráficamente se representan la distintas direcciones que, partiendo de él, continúan en prolongación indefinida. Para este mismo observador no podía buscarse referencia más real que la que de el viento que le azota, haciéndole percibir sensiblemente sus efectos; así, según proceda del norte, sur, este u oeste, recibirá una impresión de frío, calor, humedad, sequía... Tales impresiones le quedarán profundamente grabadas , luego, aunque el aire permanezca en reposo; si quiere una ruta, camino o dirección , de un modo inconsciente lo relacionará con igual trayectoria del viento. Algo semejante a esto hubo de ocurrirle al hombre, cuando la circunferencia representativa del horizonte no se dividía como ahora en grados, encontrando dentro de la naturaleza la solución al problema después resuelto por la técnica matemática.



Los antiguos conocieron la rosa de los vientos, mucho antes de que apareciese en los portulanos medievales y en la cartulina que se unió a la aguja magnética. Según las regiones, fue diversamente representada, diferenciándose unas de otras en el número de vientos o rumbos, en las denominaciones empleadas para distinguirlos y en su expresión gráfica. Fueron los griegos los que comenzaron usando la rosa de 12 vientos de Timosteno (siglo III), y entre los latinos se conoció primero la de igual número de rumbos descrita por Vitrubio (siglo I?), en su obra De architectura, compuesta de 10 libros donde también trata de cronometría; otra rosa latina es la de Suetonio (69-141), y más tarde divulgóse la de 24 rumbos, gracias a las Etimologías de san Isidoro de Sevilla (560-636), hasta el siglo XI, en que fue de uso general por el Mediterráneo la italiana de 16 vientos, producto de la escuela de Amalfi, introduciéndola Raimundo Lulio entren los navegantes levantinos. En la centuria siguiente, se aumentó al doble el número de vientos, y así con 32 debía quedar definitivamente hasta nuestros días, en que continúa amparada por la tradición. En los barcos de vela, donde no es posible mantener la proa “al grado”, sigue conservándose la tradicional costumbre de dividir la rosa en puntos cardinales, cuadrantales o laterales, octantales o colaterales, cuartas y fracciones de cuartas. El cuarteo de la rosa, cuartear la rosa, es enunciar los distintos rumbos y su equivalencia en grados. Dos ejemplos: Norte cuarta al nordeste (11º,3´) es el primer rumbo y viento del primer cuadrante, intermedio entre el norte y el nornordeste. En el Mediterráneo también se dice tramontana cuarta a griego. Y norte cuarta al noroeste (348º, 8´) es el primer rumbo y viento del cuarto cuadrante, intermedio entre el norte y el nornoroeste. En el Mediterráneo también se dice tramontana cuarta a maestral. ¿No es preciosa toda esta terminología? ¿Preciosa? Yo diría que hermosa, bella, linda, bonita, atractiva, encantadora, primorosa, exquisita, delicada, sugestiva... Y como estamos en estas fechas: ¡Feliz Navidad! ¡Felices Pascuas a todos! Gente de mar y de tierra adentro...

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (V)


El velamen es el conjunto total de velas de un buque, el parcial que se halla envergado y el que se lleva mareado. Al que va mareado o dispuesto para ello se llama vela en sentido colectivo o usando el singular por el plural, y figuradamente trapo y paño. Envergar, largar, orear, recoger, aferrar el velamen, son verbos que vamos a comentar en esta entrega. Vamos a empezar por el último. Aferrar es agarrar, asir, sujetar fuertemente. Es, en maniobras, recoger una vela a su verga, botavara o percha correspondiente, por medio de tomadores, a fin de que no coja viento. También se aplica a la bandera, toldo, empavesada (banda de paño azul o rojo con listas blancas con que se adornan las bordas y cofas de los barcos en días solemnes) u otra tela que se pliega o enrolla. En otro contexto aferrar es coger algo con un bichero o gancho. O agarrar el ancla en el fondo.
Hay una frase marinera, aferrar a la española, que es sujetar al calcés del palo la parte de una vela de gavia que queda colgando por el centro luego de haberla aferrado en ambos brazos de la verga. Aferrar a la holandesa es recoger en el centro de la verga la porción de vela que había de quedar colgando; con ésta se hace un cono bien apretado, afirmándolo con cabos o fajas. Aferrar con camiseta es hacer un rollo con la parte de la vela que al aferrar a la española se amarra al calcés con vueltas de cabo y cubrirla luego con la camiseta. Aferrar un puerto es entrar en él. Aferrar una isla es llegar a un puerto o fondeadero de la misma. Estas dos últimas frases son antiguas. ¡Aferra! ¡Aferra aparejo! ¡Aferra empavesados! ¡Aferra juanetes y sobres! ¡Aferra toldos! ¡Aferra coys! Aferrar el ancla, el aparejo, el velamen, las velas cuadras, las velas de cuchillo, el velacho, los toldos, etc, etc, etc...


Envergar, en maniobras, es unir y sujetar la relinga del grátil o caída de una vela a su respectiva verga, nervio, esnón, palo o botavara por medio de envergues ligadas, garruchos o culebras. Envergar alas, envergar el aparejo, envergar el velamen; envergar la cangreja, las gavias, las mayores; envergar los foques, los juanetes, los sobres; envergar las rastreras, las velas de estayes. ¡Enverga aparejo! ¡Enverga todo aparejo! ¡Enverga y aferra!
Largar es aflojar, soltar poco a poco, aunque más corrientemente se entiende por soltar todo o de una vez; desplegar, soltar algo, como la bandera o una vela. En este sentido también se dice descargar, cuando la vela que se larga está solamente cargada, no aferrada. Largar es, también, desatracar un bote u otra embarcación menor de un muelle o de otro buque. Y desprenderse, desclavarse o desencajarse alguna pieza de la embarcación, bien sea por varada, abordaje u otro accidente, como largar la zapata, el timón, una tabla, etc. Refiriéndose al trabajo del ancla en el fondo, es desprenderse de él. Y orear, el verbo más breve en contenido, es dar en una cosa el viento fresco o dar en una cosa el aire, secándola o quitándole algún olor. Orear camas: en los buques de guerra, colgar al aire libre de un cable o cabo la ropa de cama de los marineros con el fin de que se ventile; se acostumbra, o acostumbraba, a hacer cada viernes.

martes, 11 de diciembre de 2012

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (IV)


Viento en popa y mar bonanza navegaba Sancho Panza...
Ebrio de salitre, embriagado de nitrato de potasio, impregnado de adarce, costra salina que las aguas del mar forman en los objetos que mojan, continuamos rememorando tiempos pasados. Se llaman vientos locales aquellos que obedecen a perturbaciones particulares de una región, siendo, la mayor parte de las veces, debidos al paso de ciclones o anticiclones móviles. Viento maestral es el que sopla entre poniente y tramontana. Manejable es el que, a pesar de ser duro, permite ejecutar cualquier maniobra. Viento marero es el que sopla de la parte del mar. Muy duro es el de fuerza 9 en la escala esa más de una vez citada. Viento oscuro es el que viene acompañado de cerrazón y obliga a aferrar parte del aparejo. Viento particular es el que sopla en algunos mares donde no es frecuente, ni su dirección constante. Vientos periódicos son los que soplan un determinado intervalo de tiempo en una dirección y luego en la dirección contraria. Son vientos de este tipo: los monzones, el terral y virazón, etc. Viento racheado es el que sopla intermitentemente, de un forma no continua. El rastrero es el viento bajo. Viento redondo es el que va rolando y sopla sucesivamente de todas las direcciones de la rosa. El traidor es el racheado. Vientos alisios son los regulares pertenecientes al régimen del frente polar.




Frases marineras: Abrir el viento. Como verbo activo, orzar cuando se va en popa cerrado, arribar cuando se navega de bolina, hasta tener el viento a un largo. Como verbo neutro, significa girar el viento desde las direcciones correspondientes a popa cerrado o de bolina, hasta ser largo en uno y otro caso. También se dice que el viento abre cuando en una virada por avante pasa, por efecto del movimiento giratorio del buque, desde la posición de fil de roda a la banda que va a ser nuevo barlovento. Acercarse al viento es orzar. A buen viento, a viento o con viento lleno: arribar, y también navegar con viento favorable o con todas las velas llenas, así como se expresa lo opuesto al decir contra viento. ¡Al viento, al viento! Voz de mando al timonel para que orce. A la voluntad, a merced de los vientos: dícese del buque arrollado por la fuerza del viento. Afirmar, afianzar, asegurar, fijar el viento. Afirmarse el viento: dícese del viento que después de haber estado soplando de varias direcciones queda fijo en una de ellas. Aguantarse con el viento: mantenerse orzado y sin perder notablemente barlovento, aguantando más o menos vela, según las circunstancias, pero siempre en cantidad superior a la que en las mismas se lleva de ordinario. Alargarse el viento: viento que va haciéndose cada vez más largo, es decir, que va rolando hacia la popa. Buscar el viento: orzar. Se usa ya como advertencia al timonel y no se descuide y orce a no desperdiciar, o refiriéndose al buque mismo, equivaliendo en este caso a ceñir mucho, partir al puño, pegarse al viento. También se dice ir a la mar a buscar el viento en el sentido recto de salir de puerto o separarse de la costa para encontrar viento más fresco.
Caer el viento es disminuir su intensidad o fuerza. Cargar el viento es cuando el viento arrecia; cerrar el viento es orzar para disminuir el ángulo del buque con el viento; equivale a cerrar el rumbo. Cerrarse con el viento en n sentido es orzar sin desperdiciar nada, y en otro es tener el buque la propiedad de ceñirse mucho. Cerrarse el viento es girar éste desde el ángulo en que se llama largo de más de doce o catorce cuartas, hasta que su dirección coincide con el de la quilla, en el sentido de popa a proa.
Todo ello arrostrando –afrontando, desafiando, encarando- todos los obstáculos y dificultades opuestas a un propósito. O sea, luchado a brazo partido contra los elementos...

miércoles, 21 de noviembre de 2012

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (III)


Quien siembra vientos recoge tempestades...
Viento de juanetes es el que permite llevar dado todo el aparejo. Viento del revés es el que accidentalmente hace fachear a un buque. Por cierto, creo que sería necesario aclarar un poco ese verbo intransitivo de la primera conjugación. Fachear es ponerse y estar en facha. Es decir: en un buque de cruz, lo primero que debe hacerse para ponerlo en facha es cargar las mayores, a no ser en un caso urgente, ya que dada su mucha superficie, dificultarían la maniobra. Si la fuerza del viento puede rendir un mastelerillo (palo que va sobre los masteleros), también se cargarán las velas altas. La maniobra de fachear puede hacerse con distintos aparejos, siendo los más corrientes, el de proa o velacho, el mayor o de gavia y los tres aparejos. Con cualquiera de ellos, la maniobra es saltar las escotas de los foques, bracear las vergas del palo o palos con que se fachea de forma que sus penoles (los extremos de las vergas) queden un tanto más a popa que en cruz, y meter el timón de orza. Aún me podría extender algo más en esta cuestión, pero casi será mejor dejarlo así...


Viento del sol es el que aparece con la salida del sol, aumenta su fuerza durante el día y calma o cae completamente a la puesta del sol. Viento de medio costado es el de través. Viento de proa el que sopla en sentido contrario al rumbo que lleva el buque. Viento de sobrejuanetes es el de fuerza inferior a la del bonancible, que permite llevar dado todo el aparejo. Viento de tantas millas es el que hace andar al buque tantas millas `por hora o nudos. Viento de tantos rizos se dice de los vientos frescos que obligan a tomar tantos rizos a las gavias. Viento de todas las velas es el viento de juanetes. Viento de través es viento a la cuadra. Viento de travesía el que sopla en dirección perpendicular a la costa. Viento diurno son los vientos flojos que soplan de tierra al mar y viceversa , cuando la situación general es de calma. Se conocen por el nombre de brisa nocturna, de tierra o terral, y brisa diurna, del mar o virazón. Los primeros soplan durante la noche y los segundos durante el día.
Vientos constantes o regulares. Se llaman así a los alisios del régimen del frente polar.
Vientos descendentes son los vientos locales secos y calientes que remontan un zona montañosa y aparecen en la vertiente opuesta, después de haber producido lluvias. Viento duro es el de fuerza 8 en la escala Beaufort. Viento cascarrón es el que obliga a tomar tres rizos a las gavias. Viento en popa es aquel cuya dirección coincide con la popa del buque, es decir, que sopla hacia el mismo punto a donde se dirige el buque. Viento entero, se dice de los vientos que soplan en la dirección de alguno de los ocho rumbos principales de la rosa. Viento escaso es el que por venir muy cerrado no permite arrumbar directamente a un punto dado, sino que obliga a dar continuas bordadas. Viento etesio, son, en general, los vientos periódicos que cambian en una determinada época del año. Viento favorable son los que permiten , por soplar muy abiertos, hacer rumbo directo a punto de recalada. Viento flojo es el de fuerza 3 en la escala Beaufort; flojito es el de fuerza 2 de dicha escala. Viento forzado es el que por su intensidad hace peligrosa la navegación y obliga buscar abrigo y tomar fondeadero o puerto. Viento frescachón es el de fuerza 7 de la famosa escala; fresco es el de fuerza 6 de la escala de sir Francis; fresquito es el de fuerza 5. Viento fuerte es el frescachón. Viento galeno el viento blando. Viento igual el que sopla con intensidad y dirección constantes. Y el viento liviano es el bajo que no levanta mar en proporción a su fuerza.