miércoles, 13 de marzo de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XV)

Catorce versos dicen que es soneto; burla burlando van los catorce delante, porque este es el XV. La niña bonita.
Babor es la banda o costado izquierdo del buque, mirando de popa a proa. Según Auguste Jal, arqueólogo naval e historiador francés, la palabra babor se introdujo en el mediodía de Europa en tiempos de las correrías vikingas (siglo VIII). Esta voz puede verse ya en Pantagruel y, lo que es más importante, en una ley noruega de 1274 aparece escrita bakbord. Tradicionalmente el protocolo naval manda que por babor embarquen las personas de menos distinción, reservándose la escala de estribor como escala de honor. Son frases marineras: A babor indica acción, dirección, colocación y situación de algo hacia dicha banda o costado; ¡babor! orden al timonel para que meta la pala del timón a esa banda; a babor la caña era, antes, la voz para que el timonel metiese la caña a babor, y, por tanto, la pala del timón a estribor, pero siendo hoy corriente gobernar con rueda, se conserva solo por tradición , significando el giro de la rueda, de la pala y del buque a babor; ¡a babor todo! es la orden de cerrar completamente el timón a la banda señalada; de babor a estribor expresa la situación perpendicular a la quilla o eslora del buque y es equivalente a de lado a lado, o de banda a banda.



Barlovento es la parte de donde viene el viento respecto a un punto determinado.
Si por este punto se considera una línea horizontal y perpendicular a la dirección del viento,  el semicírculo de horizonte que mira a ella es el de barlovento, y el opuesto, el de sotavento. Refiriéndose a un buque, costado y banda de barlovento es aquella encarada al viento; de sotavento, es la otra o banda contraria al lugar de donde sopla el viento. A veces, o en sitios de vientos constantes, barlovento se expresa por la voz altura. Si se trata de corrientes, barlovento es cualquiera de los puntos situados a la parte de donde proceden aquéllas. Tener un mismo barlovento es estar con uno o varios buques en una misma línea normal a la dirección del viento. Tener o traer el barlovento es estar o navegar un buque por el semicírculo de barlovento con respecto a otro que lo observa o compara. Remontar y remontarse a barlovento es barloventear. Y barloventear es avanzar en contra de la dirección del viento. También gozar un buque de la cualidad de efectuarlo fácilmente, avanteando en menos ángulo que otro y con menor abatimiento de modo que le aventaje en ganar barlovento. E igualmente navegar de bolina dando sucesivas bordadas para ir a un punto en la misma dirección de donde viene el viento; regatear o disputar el barlovento es maniobrar dos buques en competencia con el fin de situarse uno a barlovento  del otro. Ganar, coger y tomar barlovento es barloventear en su primera acepción; lo contrario es perder barlovento. Ganar, coger y tomar el barlovento es alcanzar el semicírculo de este nombre un buque, respecto a otro con el cual compite; lo contrario es perder el barlovento. Mantener o conservar el barlovento es seguir en este semicírculo en relación con otro buque que trata de ganarlo. Y mantenerse o conservarse el barlovento es lo propio con referencia a un punto determinado y a pesar e las dificultades que a ello puedan poner el viento, la marea y otros elementos. Salir a barlovento es ganar distancia en contra de la dirección del viento, ya por las cualidades bolineras de buque o por la acción de corrientes que le favorezcan; sacar barlovento a otro buque es hacer más camino que él en contra de la dirección del viento; sacar a barlovento se dice del aparejo o vela que por sus características o situación contribuyen a que el buque gane distancia en contra de la dirección del viento. Partir a barlovento es comenzar el buque su movimiento de orzada, y, asimismo, tener la cualidad de partir de orza o al puño; meter todo a barlovento es cerrar el timón contra el costado de barlovento; prevenir a barlovento los errores de la estima es suponer la situación del buque por estima mas próxima a un peligro o lugar desventajoso para la navegación con el fin de conservar siempre una mayor libertad de maniobra; embarcar barlovento, en sentido figurado, es precaverse de contrariedades que podrían surgir de maniobras o rumbos posteriores, navegando hacia lugares en donde el viento y las corrientes otorguen más facilidades en dichos rumbos y maniobras. También se dice de quien se previene frente a cualquier contingencia. Llevar  barlovento en la bodega, en sentido figurado, se refiere a que en los buques de propulsión mecánica no es preciso tener en cuenta el viento para hacer un determinado viaje; ponerse a barlovento es, también en sentido figurado, precaverse para no sufrir una contrariedad.   
Bueno, por hoy ya está bien; tengo que ponerme a ahorrar para comprar un nuevo ordenador que, a ser posible, sea un ordenador nuevo, porque esta antigualla o reliquia me está dando la tabarra y acabando con la poca paciencia que Dios me dio... 

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XIV)


Las entregas, los fascículos que vengo escribiendo o redactando, poniendo negro sobre blanco, como ahora se dicepara disgusto o desagrado de don Fernando- es una especie de monólogo, un recitado hecho por una sola persona, como si pensase en voz alta, o de soliloquio que es la acción de hablar una persona sin dirigirse a otra concreta. También se podría decir que es una clase de dialogismo que es, como todos sabéis, esa figura retórica que consiste en hablar como dirigiéndose a sí mismo, o escapismo que es la tendencia a evadirse de una realidad desagradable, bastante vomitiva y emética, como la actual. Podréis observar que trato de evitar las palabras malsonantes y malolientes con eufemismos y atenuaciones o lítotes. (Por cierto, según mi profesor o maestro particular –al que acudo desde hace poco tiempo- el verbo heder –del latín foetere- se conjuga como defender; los dos son irregulares. También me dijo que el sitio donde hay olor malo y penetrante se llama hedentina; algo ya he aprendido).
Quiero advertir, avisar o prevenir a los lectores –en el supuesto de que haya alguno- de que en estas peñoladas o plumadas vean una metáfora continuada, una alegoría, en que unas palabras toman un sentido recto y otras un sentido figurado. El mérito, la importancia, el interés, es saber cuáles son unas y cuáles son las otras. Si alguna cualidad o atributo tuviera o tuviese yo –cosa que dudo, por eso uso el  modo subjuntivo- sería la sinceridad –ab imo pectore- y la naturalidad. Por eso reconozco mis carencias; soy persona de pocos alcances. Los que no hemos recibido la ciencia infusa, como otros, sino más bien la difusa, tenemos que recurrir a algún amigo para que nos aleccione e instruya un poco. Un buen pedagogo que nos reduzca nuestra ignorancia e insipiencia. (El punto de partida del saber es la propia ignorancia). Una de las primeras lecciones que me dio mi amigo fue que nunca confunda las palabras, el sentido prístino de los términos; por ejemplo, catacresis con catequesis. La primera, la catacresis, según me ha explicado, es un tropo, una metáfora, que consiste en usar una palabra con sentido traslaticio, figurado, para designar una cosa que carece de nombre especial; la segunda, la catequesis, es la acción y efecto de instruir en cosas pertenecientes a la religión. Si él lo dice, será verdad, digo yo... Yo solo soy un alumno, un educando, al que le queda mucho, pero mucho, muchísimo, por aprender; él es el profesor. ¡Gracias, amigo! Tus esfuerzos por desasnarme, por quitarme el pelo de la dehesa, son impagables, inapreciables e  inestimables.
Pero, bueno, dejémonos de lucubraciones o elucubraciones, y no perdamos la perspectiva de la vida  del marino  -en cada puerto un amor- que es más romántica, sentimental, idealista y soñadora, -¡ooolé!-,  y vamos, como había prometido, con los hermanos García, García de Nodal, los Nodales, marinos y navegantes españoles, nacidos en Galicia, más concretamente, en Pontevedra. El mayor, Gonzalo, nació en la capital de las Rías Baixas circa (hacia, alrededor de) 1569. Con su hermano Bartolomé, empezó como aventurero en la armada de Alonso de Bazán, en 1590. Según nota que sigue a la relación de servicios de los hermanos Nodal: “Los navíos que ayudaron a rendir, quemar y echar al fondo, desde 1591 hasta 1614, suben al número de 76, pero de éstos, 12 fueron especialmente apresados por Gonzalo, que dice se halló en todas las ocasiones, que refiere el capitán Bartolomé de Nodal, su hermano, en su relación, desde 1590, y antes algunos días”. Sobresale entre los hechos realizados por Gonzalo, el que en cierta ocasión al amanecer rodeado de una armada inglesa, frente a Galicia, fingió pertenecer a ella; se rezagó hasta quedar a barlovento del enemigo y abordó y rindió a la vista de la armada a uno de los barcos ingleses que había ido de noche a reconocer el cabo Prioriño y el castillo de Hércules. No permitiéndole el viento entrar en La Coruña, pasó con su presa por dentro de la isla Sisarga y desde allí mandó a El Ferrol a los prisioneros.



En la expedición efectuada por los hermanos Nodal, a reconocer el estrecho de Magallanes y el de San Vicente (Le Maire) “Gonzalo hizo por su mano la planta y descripción del descubrimiento en pintura”. No obstante ser Gonzalo más viejo que Bartolomé, e ir juntos siempre los nombres de los dos hermanos, este último era el jefe de la expedición. Cuando fondearon cerca del cabo San Vicente al regreso de Magallanes, desembarcó Gonzalo junto con el cosmógrafo de la expedición Diego Ramírez de Arellano y se dirigieron a Lisboa a dar cuenta al rey, a la sazón en dicha capital, mientras Bartolomé llevaba los barcos a Sanlúcar de Barrameda.
Desde 1619 navegaron separadamente los hermanos Nodales, como también se les llamaba. El 30.8.1622, año éste en que pereció Bartolomé; se dio a Gonzalo una real instrucción para realizar un viaje a Chile con dos navíos y un patache, llevando un socorro de 300 infantes. Se prevenía en otra instrucción al virrey del Perú que Gonzalo había de regresar con uno de los navíos por el estrecho de San Vicente (el de Le Maire), para traer relación exacta de su existencia. Para este viaje no salió hasta el 13 de octubre con tres navíos, 133 hombres de mar y 400 infantes.
Mi vida entonces, cual guerrera nave / que el puerto deja por la vez primera, / y al soplo de los céfiros suave / orgullosa desplega su bandera, / y al mar dejando que sus pies alabe / su triunfo en roncos cantos, va, velera, / una ola tras otra, bramadora, / hollando y diviendo vencedora. 

martes, 5 de marzo de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XIII)


Roto casi el navío / a vuestro almo reposo,  /  huyo de aqueste mar tempestuoso.
En el fascículo XII hablábamos de Th. Cano o Tomé Cano, marino y navegante español de los siglos XVI y XVII, nacido en las islas Afortunadas. En el XIII ampliamos datos de su vida. Cano navegó durante más de cincuenta y cuatro años. Fue capitán ordinario del rey. Por sus méritos se le eligió diputado de la Universidad de Mareantes de Sevilla, y como tal, en 1608, dirigió memoriales al rey, pidiendo gracias para pilotos, marineros, carpinteros y calafates. Formó parte de las juntas periciales de la Carrera de Indias, en las que empleaba las naos de su propiedad. Por orden de los consejeros de España e Indias escribió una importante obra dedicada al almirante Brochero, figura naval preeminente de la época: Arte para fabricar, fortificar y aparejar naos de guerra y marchantes, con las reglas de arquearlas, reducido a toda cuenta y medida, y en gran utilidad para la navegación, Sevilla 1611. En esta obra se queja de la decadencia de la marina española que en 1586 tenía más de mil de alto bordo, pertenecientes a particulares: 200 de Vizcaya iban a Terranova a la pesca del bacalao y otras 200 de Asturias, Galicia y otros puertos, hacían la derrota de Flandes y llevaban mercaderías a los puertos franceses e ingleses. Esta obra fue considerada de gran utilidad, siendo adoptada por los directores de las fábricas reales, que la calificaron como de ser “la primera forma de fabricar reducida a reglas que hasta la fecha se había inventado y que la hallaban cierta y verdadera, y como de persona de tanta experiencia en el arte de la navegación”. Es curioso, sin embargo, que a pesar de aprobarse las reglas y ser tan alabada fuesen condenadas las naos de propiedad de Cano, que formaban parte de la carrera de Indias y que estaban fabricadas según aquéllas. También escribió Cano un interesante comentario-relación del viaje de los Nodales. Por cierto, en otra ocasión, en otra entrega -en ésta no cabe-, hablaremos de los García... De los hermanos García de Nodal, quiero decir. Los Nodales, Gonzalo y Bartolomé, marinos y navegantes gallegos nacidos en Pontevedra.    
También ésta me parece escasa, corta, exigua. Piensa, hombre, piensa. ¿O es que no tienes neuronas ni meninges?



¡Ah! Sí... Cazar, en Maniobras, es cobrar o tirar de las escotas de las velas para orientarlas o presentarlas al viento una vez han sido amuradas, maniobra que se expresa con las frases cazar la escota o cazar la vela. También es extender cuanto se pueda el pujamen de una vela cuadra y sujetar sus puños con los escotines a los penoles de la verga inmediata inferior. Asimismo halar de un cabo, de una lona, de un remo, etc. también es cazar. Cazar, además, es dar caza o alcanzar a otro buque. Son frases marineras: Cazar a besar es cazar el máximo; cazar a ceñir es halar de las escotas todo lo que se pueda, antes de bolinear el aparejo a ceñir; cazar ambas escotas es navegar en popa cerrada; cazar y atracar es arranchar (cazar bien una vela o escota, o ceñir mucho el aparejo). Y en muchas otras locuciones, como cazar a popa, cazar e izar las gavias, cazar e izar sobremesana, cazar e izar velacho, cazar escota, cazar foque a babor. cazar foque a estribor, cazar la cangreja, cazar la escota, cazar las velas, cazar la mesana, etc., etc., etc.
“¡Pobre barquilla mía, / entre peñascos rota, / sin velas desvelada, / y entre las olas sola!” 

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XII)


 “¡Muy graciosa es la doncella, / cómo es bella y hermosa! / Digas tú el marinero / que en las naves vivías, / si la nave o la vela o la estrella / es tan bella.”                             
Hay una palabra de origen portugués –serviola- que tiene dos acepciones o significados. Ahí va la primera o el primero. En las embarcaciones o antiguos buques de casco de madera, serviola era un grueso, robusto o fuerte pescante que salía de las bordas del castillo hacia fuera por una y otra banda, con tres cajeras y sus correspondientes roldanas de bronce, y una gran pasteca en cada lateral de popa, en unos buques, o en la de proa, en otros, para suspender las anclas desde que el arganeo (grillete o argolla montado en el extremo de la caña del ancla para unirle la cadena, cabo o cable) llegaba a la superficie del agua, a fin de ponerlas en su lugar cuando se fuese a largar el aparejo, o mantenerlas apeadas y prontas a dejarlas caer cuando fuera a dárseles fondo. En un tiempo era levadiza o de quita y pon, y servia para una y otra banda.



 Ahora la segunda o el segundo. Si para escribir La vida es sueño hay que estar muy despierto, y Calderón lo estuvo en esta obra, para ejercer o desempeñar el oficio de serviola de un velero también hay que estar desvelado y despejado, porque el serviola era el marinero que estaba de vigilante. Estar de serviola era, antes, hallarse un marinero de vigía cerca del pescante que tiene el mismo nombre. Hoy se aplica a todo el que tiene un cometido de vigilancia del horizonte, confín o lejanía (lontananza, como diría un italiano), cualquiera que sea el puesto del buque donde se halle.
Y, hablando de castillos (primer párrafo)... Castillo, en Arquitectura naval, es la estructura por encima de la cubierta superior, desde el trinquete o algo más a proa, hasta la roda. Th. Cano en su Arte para fabricar... naos (1611), dice: “Castillo: es un compartimiento en la proa desde la amura al árbol del trinquete, para abrigo de la gente”. Hoy, que abundan los buques de cubierta corrida,  se entiende también por castillo la parte de la cubierta superior, desde el trinquete o lugar que le correspondería de llevarlo, hasta la roda. Castillo de popa. Antiguamente se dio este nombre a la toldilla u otra estructura semejante. En el Diario de Colón, se lee: “Puesto que el almirante a las diez de la noche estando en el castillo de popa, vido (sic) lumbre”... (Primer viaje, 11 de octubre de 1492). ¡Castillo alerta! Voz al centinela del castillo de un buque para que conteste en prueba de que no se halla dormido ni ocurre novedad.
Th. Cano era Tomé Cano, marino español de los siglos XVI y XVII, nacido en las islas Canarias, del que hablaremos en la próxima entrega o fascículo. Os lo prometo. Palabra de viejo lobo de mar...
“Tú eres la mar / yo soy la arena / que ya no voy sola / que la mar me lleva...” 

martes, 19 de febrero de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XI)


No quisiera caer en tautologías ni en pleonasmos, es decir, en prolijidades y redundancias, pero sí quiero explayarme, extenderme un poco más, con los vocablos y lof.
En Navegación y Maniobras, antiguamente, el primer vocablo -- era orzada, acción de orzar. En ocasiones también solía usarse como imperativo y entonces se pronunciaba con f final. Por ejemplo, se decía ¡lof! ¡lof! por ¡orza! ¡orza! En los demás casos o siempre que entraba en frases, dejaba de añadírsele la f. Así, ¡no venir más de ló! (¡no orzar más!). Son frases marineras: ¡Meter de ló!, antiguamente, orzar. ¡Todo de ló! Orzar todo u orzar a la banda. ¡Aguzar de ló! Antiguamente, según unos, ceñir o puntear el viento, y según otros, orzar demasiado o trincar.
En cuanto a la segunda voz –lof- puedo decir que en Arquitectura Naval y Maniobras es cuadra, en su acepción de sitio exterior del costado en que la manga del buque es la cuarta parte de su longitud, ya se cuente desde proa o desde popa, y también en la de cuaderna cuadra o redel de popa o proa. Además, también, asimismo, es el punto en que coinciden la cuadra y la amura del buque, o más bien ésta y cualquiera otra cosa relativa al movimiento de orzada o acción de orzar. Virar lof por lof, antiguamente, era virar por redondo.
Y ahora le tocaría el turno a los tablones y forros pero son palabras más humildes, más modestas, menos sonoras o sonables. Más pobres, poco atractivas. Voy a escoger unas pocas. Por ejemplo contracostado o embono. El embono o contracostado es el forro de tablones con que se embona un buque. ¿Y qué es embonar? se preguntarán algunos. Pues embonar es eso: forrar exteriormente con tablones el casco de un buque. ¡Anda! En el primer párrafo decía que no quería caer en redundancias. Pues me temo que no solo he caído sino también derrumbado y desplomado...




Otro ejemplo: trancanil. ¿Qué es el trancanil? El trancanil (en francés antiguo, traquenin; en italiano, trinquenin), es la serie de maderos tendidos desde la proa a la popa por ambas bandas, que forman la primera plancha del costado de la cubierta, o, también, pieza que une las cabezas de los baos de las distintas cubiertas con las cuadernas. El trancanil toma el nombre de la cubierta o superestructura donde va situado; así se dice: Trancanil de la cubierta de paseo, de la cubierta principal, del puente, de la toldilla, etc. ¿Y el sobretrancanil? En los buques de madera es la primera hilada interior de tablones situada encima del trancanil y que suele ser algo más gruesa que las tablas del entrepuente. Y, por último, el contratrancanil. El contratrancanil es la hilada o traca de tablones más gruesos que los otros de cubierta, entre el trancanil y el forro de aquélla. ¿Queda claro? Yo, diría que sí... ¿O no?
Me parece un poco corta esta entrega. ¿Qué me podría servir de henchimiento? (Henchimiento, en Arquitectura Naval, es la pieza de madera con que se rellena el hueco de otra pieza principal). Habrá que acudir a la(s) página(s) de la memoria...



Entre los navegantes, celaje es cualquier clase de nubes. Celajes son nubes muy tenues de vivos y variados colores que forman figuras caprichosas; suelen verse en las puestas de sol de los trópicos. Son frases marineras: Agarrarse a un celaje que quiere decir tener recursos para salir bien de una coyuntura difícil o aprovechar todas las ocasiones. Ser un celaje o ir como un celaje quiere decir ser vivo, rápido. Mascar celajes significa estar en la indigencia, no tener que comer. Celajería es el conjunto de nubes o celajes. Según su forma, tamaño y situación, se dice celajería suelta o espesa, delgada o gruesa, clara u oscura, alta o baja, cargada o ligera. Romperse la celajería es dividirse, separarse las nubes. ¿Os ha gustado el henchimiento? Me alegro.
“Si fueras barco velero / contigo me casaría / pero como eres de guerra / temo a la artillería...”

martes, 5 de febrero de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (X)


El latín es, como decía don Fernando Lázaro Carreter, esa lengua que persiguen inmisericordes quienes planifican la ignorancia y la reparten con equidad. Ironía, sorna, sarcasmo... Puro ingenio ático el de don Fernando. Ático, del aticismo, no del último piso de una casa, claro...
Dicho lo cual y como lo prometido es deuda empezamos con las cuadernas y piezas curvas. Cuaderna es cada una de las parejas de costillas o ramas simétricas que forman el esqueleto del casco de un buque, siendo de perfil angular en los de construcción metálica y constituidas por la unión de piezas curvas en los de madera. A las cuadernas se aplica el forro que forma el casco y resisten las presiones y reacciones sobre el mismo. Las cuadernas laterales desempeñan el papel de puntales al sostener las superestructuras. El empuje lateral del agua y las cargas transmitidas por las cubiertas del buque disminuyen desde la quilla a la cubierta superior y, por tanto, los escantillones de las cuadernas pueden disminuirse de abajo hacia arriba.
Las cuadernas en los buques de madera están constituidas por varias piezas curvas fuertemente unidas. Suelen montarse por grupos de dos, siendo la separación aproximadamente igual al ancho de una cuaderna. El espesor de las cuadernas aumenta desde la cubierta hasta la quilla. Las distintas piezas de estas cuadernas se llaman varenga, genoles, primeras, segundas, etc., ligazones, y reveses o barraganetes.



Según la posición que ocupen en el sentido de proa a popa, se clasifican en: Cuadernas de armar o de armazón. Las situadas en el centro del buque, es decir, la totalidad de las cuadernas a excepción de las comprendidas entre los finos de proa y popa; estas cuadernas están colocadas perpendicularmente a la quilla; se llama espacio entre dos cuadernas a la distancia entre el centro de una cuaderna y el de la siguiente, incluyendo por lo tanto el espacio intermedio comprendido entre ambas. Cuadernas reviradas o de reviro son las de los finos de proa y de popa; se llaman reviradas debido a su pronunciada curvatura; la parte inferior va unida a los dormidos de proa y popa, con pernos a través del dormido, y están inclinadas con relación a la quilla; en los finos de proa y popa la separación entre las cuadernas es menor e incluso en algunas embarcaciones no existe, yendo a continuación una de otras, como sucede en los barcos de proa lanzada. Apóstoles son piezas paralelas a la roda y contrarroda colocadas a ambas partes de éstas, que completan el costillaje del buque que no sale de la quilla; sirven además para afirmar las del bauprés a la proa; casi siempre el número de apóstoles es dos. Espaldones son piezas de madera comprendidas entre los apóstoles y las cuadernas de reviro; se unen a la primera cuaderna de reviro de proa; los que coinciden con el escobén reciben el nombre de espaldones de escobén. Aleta es la última cuaderna de reviro de popa, que limita el buque en su parte posterior con los yugos, que se apoyan en la aleta y en el codaste. Cuaderna maestra es la mayor y más saliente del centro. Algunos buques tienen dos, una por el centro de la quilla y la otra más a proa. Armar y escorar las cuadernas es colocar las de armazón en sus respectivos sitios, para envagrarlas y formar las plantillas de las intermedias. También se arman de antemano en tierra para cigüeñarlas. Macizar las cuadernas es rellenar los huecos entre ellas con otros maderos curvos. Cuadernas de lof o de cuadratura son las que se ponen a proa y a popa, a cierta distancia de la cuaderna principal o maestra. Cuaderna de henchimiento o de intermediar son las que se acomodan en los huecos que hay de una a otra de las de armar. Cuadernas de popa son las últimas por esta parte. Cuadernas inclinadas o levantadas es lo mismo que cuadernas reviradas. Cuadernas apostadas son las de armar, llamadas impropiamente por algunos cuadernas maestras por considerarlas así con respecto a las intermedias.
El término lof o merece un punto y aparte en otra ocasión. En la entrega XI, por ejemplo. Nos vemos.  

miércoles, 23 de enero de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (IX)

Hoy he abierto el libro de la memoria por la(s) página(s) de la arquitectura naval o arte de construir embarcaciones. A  todos lo santos le llega su día. En la construcción naval hay piezas principales, otros maderos y puntales, cuadernas y piezas curvas, tablones y forros y rellenos y otras piezas. De la familia de las piezas principales son la obra muerta (la parte del casco que está por encima de la línea de flotación), la quilla (pieza que va de popa a proa por la parte inferior del barco y en que se asienta toda su armazón), el estrave (remate de la quilla del navío, que va en línea curva hacia la proa),   el codillo (cada uno de los extremos de la quilla, desde los cuales arrancan, respectivamente, la roda y el codaste), el talón (corte oblicuo en la extremidad posterior de la quilla, para ajustar la madre del timón), la zapata (tablón que se clava en la cara inferior de la quilla para defenderla de las varadas), la sobrequilla (madero colocado de popa a proa por encima del trabazón de las varengas, y fuertemente empernado a la quilla) y la contraquilla (pieza que cubre toda la quilla por la parte interior). Y también son de esta familia el codaste (madero grueso puesto verticalmente sobre el extremo de popa de la quilla), el contracodaste (pieza de igual figura que el codaste que se coloca para reforzarlo),  el yugo (cada uno de los tablones curvos horizontales  que se endientan en el codaste y forman la popa del barco), la aleta (cada uno de los dos maderos corvos que forman la popa), el escudo y el barrón (arco de hierro hincado por sus extremos en el espejo de popa). Una tercera subfamilia sería la roda (pieza gruesa y curva que forma la proa de la nave),  el pie de roda (pieza curva en que remata la quilla por la parte de proa y en la que se empalma la roda), el caperol (extremo superior de la roda en las embarcaciones menores), el brión (el pie de roda), la contrarroda (pieza de igual figura que la roda y empernada a ella por su parte inferior), el contrabranque (o sea, la contrarroda), la albitana (que viene siendo la contrarroda o contracodaste de una embarcación menor), el muz (sic) (que es la extremidad superior y más avanzada del tajamar), el acrostolio (espolón de las embarcaciones antiguas o adorno en la proa de las naves),  el beque (obra exterior de la proa)...  Y el tajamar. Para mí la más bonita de las palabras de todos los nombres de las piezas de un buque. La de más eufonía. La de sonoridad más agradable. Hace años redacté, mejor dicho, pergeñé, o sea, ejecuté con poca habilidad, una narración, una etopeya, que titulé, precisamente, así: “Capitán Tajamar”. ¡Qué bien suena!, ¿verdad?  (Perdonad la pequeña digresión. El tajamar es el tablón de forma curva, ensamblado en la parte exterior de la roda).



De la parentela de otros maderos y puntales son la toza (sic) el madero de cuenta (cada una de las piezas de madera sobre que se funda el casco de un buque), el alefriz (ranura que se abre en una pieza, para que en ella encajen los cantos o cabezas de los tablones),  el bao (cada una de las piezas de la armazón de un buque que atraviesan de un costado a otro y sostienen la cubierta), el durmiente (madero colocado horizontalmente y sobre el cual se apoyan otros horizontales y verticales), el contradurmiente (tablón unido al durmiente para reforzarlo por la parte inferior),  el trancanil (serie de maderos tendidos desde la proa a la popa, para ligar los baos a las cuadernas y al forro exterior), la madre (cuartón grueso de madera, que va desde el alcázar al castillo), el brazal (cada uno de los maderos fijados por sus extremos en una y otra banda desde la serviola al tajamar), la cerreta o brazal (madero fijo en la serviola), la percha, el estanterol (madero que en las galeras se colocaba a popa en la crujía y sobre el cual se afirmaba el tendal), el singlón, el genol, la cochinata (cada uno de los maderos de la parte inferior de la popa, endentados en el codaste),  las cuerdas, las esloras, la bordinga (madero que se usa como refuerzo),  el dragante (en embarcaciones menores, madero colocado a pie del trinquete, sobre el cual descansa el bauprés),  el chique (madero de refuerzo), el calzo (cada uno de los maderos que se usan a bordo para apoyar objetos pesados), el postelero puntal que sujeta las mesas de guarnición), el macarrón, el contrete, el charrancho, el barrotín y la barbilla.           
Con tanto bailoteo de nombres substantivos de maderos y maderas ya estoy un tanto confuso, indeciso y perplejo: ya no sé si soy nauta o carpintero de ribera. Hablando de nautas recuerdo los rudimentos y las nociones elementales del latín. Como todos sabemos, o casi todos, el latín no observa el mismo orden que el castellano en la colocación de las palabras en la oración. El sujeto, el verbo y los complementos pueden estar colocados en un orden cualquiera, sin que el sentido se altere. Así, la frase puella vocat nautam (la niña llama al marinero),  puede escribirse también en las formas siguientes: puella nautam vocat; nautam vocat puella; nautam puella vocat; vocat puella nautam; vocat nautam puella.
De las cuadernas y piezas curvas hablaremos otro día.