miércoles, 23 de abril de 2014

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XLIV)

Hoy le toca a la humilde y modesta gaviota. Y llamo humilde y modesta porque es más familiar, más conocida. Más próxima y cercana.
Gaviota  es el nombre común que se aplica a todas las aves marinas primarias del género Larus, así como a las que pertenecen a los géneros similares Pagophila, Rhodostethia, Rissa, Creagrus, Gabianus y Xema, todos ellos incluidos en la familia láridas, del orden caradriformes en su grupo lariformes. Es de notar que de las 44 especies de gaviotas, 36 se agrupan en el género Larus, mientras que las 8 restantes se reparten entre los otros seis géneros mencionados.
Las gaviotas son las aves marinas más fáciles de observar y  más comunes en las costas europeas. Su tamaño es mediano, aunque existan algunas especies de grandes dimensiones como el gavión (Larus marinus) que mide 72 cm de longitud que tan solo, y otras pequeñas como la gaviota enana (Larus minutus) que tan solo alcanza los 27  cm. Tienen el cuerpo fusiforme, más robusto que el de los charranes, pagazas y fumerales que pertenecen a la misma familia; el cuello corto; el pico recto y ligeramente curvado en su extremo; las alas largas; las patas cortas con los dedos unidos por la membrana natatoria y la cola cuadrada o redondeada en la mayoría de las especies, exceptuando la gaviota de Sabine (Xema sabini) y el Creagrus furcatus de las islas Galápagos, que la tienen marcadamente ahorquillada y algunas otras especies que muestran dicha forma solo insinuada.



El plumaje es denso e impermeabilizado y  de un colorido muy semejante en todas las especies: blanco en las partes inferiores y obscuro en las superiores; el color del manto es gris o pardo, llegando al negro en el gavión. Una especie extremadamente ártica, la Pagophila ebúrnea, posee el plumaje blanco por completo, como los bancos de hielo de las desoladas regiones que habita y otra gaviota también muy septentrional, la hermosa Rhodostethia rosea, tiene las partes inferiores, parte de las superiores y la cola, teñidas de rosado. Muchas especies poseen un plumaje de verano y otro de invierno, bastante diferenciados.
El color de las patas varía entre el negro, el rojizo, el amarillo, el verdoso o el gris y el de los picos oscila entre estos mismos  colores, puros o combinados. Las jóvenes tienen el plumaje moteado de gris o pardusco y en algunas especies tardan tres o cuatro años en adquirir el manto de los adultos.
Las gaviotas son aves de evolución marina y como tales parece que deberían hallarse vinculadas únicamente al agua salada; sin embargo, varias especies anidan en los grandes lagos del interior y aparecen temporalmente en el litoral, como sucede, por ejemplo, con una gaviota suramericana, la especie Larus serranus, que anida en el lago Titicaca y en otros lagos andinos a  4000 m sobre el nivel del mar, e inverna en la costa. En nuestra Península, podemos observar a la gaviota reidora común, Larus ridibundus, a orillas de ríos y estanques a cientos de kilómetros del litoral, particularmente en invierno, y en sus migraciones recorren grandes distancias sobrevolando tierra firme.
Los lugares característicos de las gaviotas son las playas, puertos y estuarios de los ríos, faltando en alta mar, con la señalada excepción de la gaviota tridáctila (Rissa tridactyla) que es claramente pelágica, hallándosela en pleno océano Atlántico; también frecuenta el alta mar la gaviota de Audouin (Larus audouinii), rara e interesante especie, confinada en el Mediterráneo, en cuyas islas anida.
Se alimentan de restos orgánicos que flotan sobre las aguas o que las olas arrojan a las playas y también de moluscos, gusanos e insectos, particularmente las especies que frecuentan el interior. Las grandes especies son rapaces y destruyen los nidos de otras aves marinas. Generalmente buscan el alimento en bandadas que recorren las zonas costeras con su vuelo seguro, ligero y diestro, a menudo sin batir las alas durante largos intervalos. Su voz es un grito agudo y muy peculiar. Se posan en el agua pero no acostumbran a zambullirse.
Anidan en colonias en los islotes, arrecifes y playas arenosas, construyendo un rudimentario nido donde depositan sus huevos moteados, en números de dos a cuatro por término medio.
Las gaviotas abundan en el hemisferio norte, donde anidan 29 especies de las 44 existentes y son las aves marinas más conocidas por el común de las gentes. Hemos dicho ya que algunas especies viven en las regiones árticas, entre ellas la ya mencionada Pagophila eburnea, que ha sido hallada en el mar polar, a los 85º N, latitud jamás alcanzada por otra ave.
Las gaviotas reciben en Hispanoamérica diversos nombres, entre ellos los de gaviotín, gagüil, palometa, gallego, pardela, etc. aplicados a todas o solo a determinadas especies.

El nombre de gaviota, se aplica también incorrectamente y por extensión, a otras aves marinas pertenecientes a diversos géneros y familias. Así, en las Antillas se aplica a los charranes, fumareles y pagazas; en Puerto Rico también a las aves del Trópico; en Argentina y Chile a los págalos, etc.

martes, 8 de abril de 2014

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XLIII)

Hoy vamos a hablar de las aves marinas en general. Desde el punto de vista ornitológico, la extensísima porción de la superficie terrestre cubierta por las aguas marinas, aparece como un biotopo extraordinariamente uniforme, en evidente contraste con la diversidad de ambientes que ofrecen las islas y continentes. La multitud de factores que condicionan la existencia de la avifauna terrestre, tales como el clima la composición del terreno y la vegetación, que combinados dan origen a los variadísimos hábitats o biotopos terrestres, se reducen en el mar a la temperatura y a la distancia de la costa.
La temperatura de las aguas marinas influye directamente en la clase y abundancia de alimentos que en ellas pueden encontrar las aves y permite diferenciar los mares en glaciales, templados y cálidos o tropicales, todos ellos caracterizados ornitológicamente por poseer determinados tipos de aves. Esta influencia de la temperatura sobre la avifauna, se patentiza por el efecto que las corrientes marinas producen en la distribución de las especies, introduciéndolas en zonas distintas a aquellas que les son habituales; así, la corriente fría de Humboldt, que traslada las aguas del océano Glacial Ártico a lo largo de las costas chilenas y peruanas hasta el ecuador, permite que dos especies de la familia Spheniscidae o pájaros niño, propios de las zonas antárticas y subantárticas, aniden en la costa del Pacífico y  en latitudes comprendidas entre el trópico de Capricornio y la línea ecuatorial.
El otro factor señalado como importante para determinar distintos biotopos en el monótono espacio oceánico es la menor o mayor distancia de la costa. La influencia del medio terrestre en relación con las aves marinas actúa, fundamentalmente, en virtud de la distinta alimentación que las aves pueden hallar en los parajes costeros, del tipo de terreno que la especie requiere para nidificar y de su potencia de vuelo que la supedite o no a la tierra firme. Atendiendo a esta criterio de la distancia de la costa, podemos aplicar para la ornitología las tres grandes zonas que distingue la hidrobiología marina, esto es, la litoral, la nerítica y la pelágica, a cada una de las cuales corresponden unos determinados géneros de aves marinas o relacionadas con el mar.
Esta uniformidad del ambiente marino, relativamente poco modificada por los factores diversificantes que hemos indicado, no da lugar a la aparición de un gran número de tipos de aves adaptados a muy variados medios, como sucede en la avifauna terrestre, y produce como efecto primordial el de establecer una notabilísima desproporción entre el número de especies marinas y el de las terrestres.
De acuerdo con la clasificación de la avifauna mundial establecida en 1951 por Mayr y Amadon, siguiendo un criterio restrictivo, resulta que de las 8590 especies existentes, tan solo 271 corresponden a grupos cuya evolución haya sido marina, y, aunque este número no corresponda con exactitud al de las aves cuya biología esté ligada con el agua salada, permite apreciar la desproporción indicada.  Si tenemos en cuenta que las aguas saladas cubren un 71% de la superficie del globo, mientras que el 29% restante    exactitud posible el criterio que adoptamos para incluirlas en esta categoría. Para calificar a una ave como perteneciente a la avifauna marina, se pueden tomar como base los datos que proporciona la filogénesis y aceptar como marinas a las aves cuya evolución se haya efectuado en dicho medio, o bien, fundándonos en su ecología, considerar marinas a aquellas cuyo ciclo vital se desarrolla total o parcialmente relacionado con el agua del mar.
El criterio evolutivo que utilizan, por ejemplo, James Fisher y R. M. Lockley, reduce el número de aves marinas al de 267 especies. Éstas son las denominadas “aves marinas primarias”; si a ellas añadimos las “aves marinas secundarias”, o sea marinas por su ecología, entre las que se encuentran muchísimas zancudas, limícolas y anátidas, el número total de aves marinas aumenta notablemente.
Relacionando los elementos que la filogénesis aporta a nuestro conocimiento de las aves marinas a los resultantes de las observaciones realizadas en las especies actuales,  podemos agrupar entre las aves marinas secundarias a las aves litorales que, como el ostrero, buscan su alimento en las playas, mientras que las neríticas o de la costa y muy en particular las pelágicas u oceánicas corresponden, por el contrario, a órdenes de aves de evolución marina o marinas primarias.



La configuración de las aves marinas está directamente relacionada con el ambiente en el cual desenvuelven su existencia. Por simple razonamiento, podríamos deducir los dos caminos que han seguido estas aves en su adaptación al medio. Privadas de lugares donde posarse y situadas ante la amplísima capa líquida y dilatados espacios oceánicos, en las aves más típicamente marinas se han desarrollado hasta un grado extremo las facultades natatorias y voladoras. Y dado que la perfecta adecuación del cuerpo al vuelo y a la natación se contraponen, los distintos grupos ha tendido hacia una u otra especialidad, que en ciertas especies alcanza una perfección extraordinaria, aunque abunden las que poseen ambas facultades.(de vuelo y natación) bien equilibradas.
Del mismo modo que entre las aves terrestres encontramos casos de tan grande adaptación al suelo –como ocurre con las aves no aquilladas: avestruces, ñandús, etcétera- que han perdido la facultad del vuelo, habiéndoseles desarrollado en su grado máxima la de peonar, entre las marinas tenemos el ejemplo de los pingüinos o pájaros bobos, de cuerpo grueso y cónico, sin cuello aparente y patas cortas, conformados para la natación y el buceo, cuyas alas han perdido sus funciones de aparato impulsor en el aire para convertirse en aletas natatorias y que en tierra firme se mueven muy torpemente. Un paralelismo similar se da en relación con las aves esencialmente voladoras: en la avifauna terrestre tenemos con los vencejos una magnífica muestra de ave dotada para el vuelo: cuerpo fusiforme, alas largas, estrechas y curvadas, y patas rudimentarias; pues bien, los albatros ofrecen unas características de forma de cuerpo y alas semejantes a las de los vencejos, pero con la diferencia de que estas aves marinas son de gran tamaño, alcanzan una extraordinaria envergadura y utilizan para sus vuelos la mitad aproximadamente de la superficie total  de la tierra, acercándose a ciertos islotes remotos tan solo en la época de la cría.
Característica de las aves marinas es tener los pies palmeados, lo que hace posible la natación –aunque no siempre  el buceo- hasta en las especies de más vuelo, y, como consecuencia de este contacto con el agua, el plumaje denso y ligeramente sebáceo que es lo que le impermeabiliza; es curioso anotar, como excepción a esta regla, el caso del cormorán que, por carecer de esta grasa, se moja al sumergirse y necesita secarse periódicamente. Adaptadas las aves marinas al régimen alimenticio piscívoro, el pico acostumbra a ser recto y fuerte, dilatado en su perfil –como el frailecillo- o fino, en algunos fumareles insectívoros.
La alimentación de la avifauna marina es, como hemos dicho, de naturaleza orgánica principalmente, siendo sus componentes básicos los peces, cefalópodos y plancton. La manera de procurarse estos productos del mar varía según las especies; numerosas son pescadoras, buceando hasta gran profundidad para alcanzar los bancos de arenques o de otros peces; algunas se limitan a picotear la superficie de las aguas o sumergen parte del cuerpo para obtener los diminutos organismos animales y vegetales que conocemos por el nombre de plancton; finalmente, las hay que obtienen su alimento merodeando como verdaderas rapaces marinas.
La nidificación acostumbra a realizarse en los islotes y acantilados o en la arena de las playas poco frecuentadas. Por regla general, la puesta es reducida, y estas aves se limitan a depositar sus huevos en las oquedades de las rocas o entre la arena y los guijarros del litoral; a esto se debe que sean mucho más anchos de un extremo que del opuesto, lo que impide que rueden y, asimismo, que la cáscara ofrezca un colorido abigarrado e irregular que disimula el huevo, confundiéndolo con el suelo. El anidar formando inmensas colonias también es muy característico de las aves marinas y, en determinadas especies, su número es extraordinario, como se observa en las costas de Chile y el Perú, donde los excrementos de la multitud de cormoranes, guanayes y otras aves que allí se congregan producen el guano, cuya extracción para ser utilizado como abono constituye una activa industria y una colosal riqueza natural.

Entre las aves marinas, abundan las especies migratorias, especialmente en el hemisferio norte, donde muchas de ellas anidan en las latitudes muy septentrionales e invernan en mares más templados, llegando hasta el Mediterráneo. Y algunas especies árticas llegan en sus larguísimos viajes hasta zonas antárticas. 

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XLII)

Mientras no tenga claro si sigo escribiendo de velas y vientos voy a escribir algo más de aves marinas. Hoy le toca al cormorán.
Cormorán es el nombre común que se aplica a las aves marinas primarias pertenecientes principalmente al género Phalacrocorax y otros similares, de la familia Phalacrocoracidae, del orden pelicaniformes, o sea el mismo en que se incluyen los alcatraces y los pelícanos.
Los cormoranes alcanzan gran tamaño –el cormorán común (Phalacrocorax carbo) mide 90 centímetros- y tienen el cuerpo fusiforme; las patas, implantadas muy atrás y muy cortas, con los pies palmeados; las alas y la cola, largas; el cuello, muy largo, y el pico, largo y fuerte, con el extremo de la mandíbula superior marcadamente curvado en su extremidad, lo que da a estas aves el aspecto de rapaces. Algunas especies poseen una cresta de plumas. Su colorido general es negro, con reflejos verdes o rojizos en las especies europeas, pero en las tropicales o australes abundan las que poseen partes inferiores blancas.
El plumaje de los cormoranes no se halla impermeabilizado como el de otras aves acuáticas, puesto que carecen de la glándula uropigiana que segrega el sebo que unta el plumaje de aquéllas. Por ello, después de varias zambullidas se empapan hasta el extremo de dificultarles el vuelo; en esta situación, han de secarse, lo que realizan colocándose en un pilón que sobresalga del agua o en una peña, de frente al viento, inmóviles y con las alas entreabiertas, ofreciendo en esta actitud una silueta muy característica, comparable al diseño de las águilas heráldicas.
Los cormoranes se extienden por todos los mares del globo, excepción hecha del centro del océano Pacífico, siendo el hemisferio sur donde se hallan representados más géneros. Habitan la zona costera, los estuarios de los ríos y, ciertas especies, frecuentan los lagos del interior.
Se alimentan de peces y crustáceos que capturan zambulléndose y nadando por debajo del agua, sobresaliendo tanto en esta modalidad de captura de peces, que, como es sabido, lo aprovechan chinos y japoneses empleando para la pesca cormoranes convenientemente amaestrados, a los que colocan un anillo metálico y rodeando el cuello para que no engullan el pescado y lo entreguen a su dueño.



Anidan en los islotes desiertos, en los acantilados o en los árboles, y su puesta se compone de dos a cuatro huevos oblongos. Durante la nidificación son gregarios y también en el resto del año.
En los mares de la península Ibérica la especie más corriente es el antes mencionado cormorán común, hallándose también el cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis). En el resto del mundo existen numerosísimas especies.
Entre las aves destacan, por sus inmensas colonias –de millones de ejemplares- y por su importancia económica, las productoras del guano, que tanto se utiliza como abono para la agricultura; éstas son los cormoranes guanayes de la costa del Perú y de Chile, así como el cormorán africano de El Cabo (Phalacrocorax capensis).

En España los cormoranes reciben también a menudo el nombre de cuervos marinos que tanto se veían hace ya bastantes años en  el Corveiro de la playa de Silgar de Sanxenxo de tan gratos recuerdos. (¡Qué tiempos aquéllos! ¡Qué tiempos, Dios mío!). En Hispanoamérica se les aplican en general los nombres –muy divulgados según las diferentes regiones de que se trate- de pato yeco, lile, lilo, viguá, biguá, guanay, cormoril, corúa e infinidad más. 

martes, 18 de marzo de 2014

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XLI)

Alcatraz es el nombre común que se aplica a las aves del género Sula, de la familia Sulidae, orden pelicaniformes. Los alcatraces son aves marinas primarias de gran tamaño, cuerpo robusto y fusiforme, provistas de alas largas, de cola puntiaguda, pico grueso, cónico y agudo; sus patas son cortas, con los dedos unidos por la membrana natatoria. Su plumaje es denso, impermeabilizado y el colorido predominante es el blanco con zonas negras o viceversa; los jóvenes y los adultos de algunas especies, poseen un plumaje pardusco mezclado y todos presentan una pequeña porción de la cara sin emplumar. Los alcatraces se distinguen de las restantes aves marinas, por practicar una extraordinaria modalidad de pesca. Para obtener su alimento, tratan en primer lugar de localizarlo volando  a una cierta altura y cuando han divisado una posible presa, se precipitan a plomo sobre ella y, en caso de no capturarla, la persiguen nadando por de bajo del agua. Esta caída en picado sobre los peces, la efectúan desde alturas de hasta 30 y 40 metros, constituyendo un impresionante espectáculo la caída vertical de estas grandes aves, que levantan un gran surtidor de espuma al entrar en contacto con el agua, visible a buena distancia y que delata sus actividades.
En su zambullida, alcanzan profundidades superiores a los 25 metros. Anidan en colonias situadas en islotes oceánicos o en los acantilados marinos, en un nido formado simplemente con guano y detritus o, como máximo, con palitos y briznas de hierba; depositan allí uno o dos huevos, según las especies,  de forma ovalada y recubiertos de una costra caliza. Son aves silenciosas, exceptuando el tiempo de la nidificación. De las nueve especies existentes, ocho habitan los mares tropicales o del sur y solamente una, el alcatraz común (Sula bassana), es propia de los mares europeos. Esta especie mide 30 cm, tiene el plumaje blanco con los extremos de las alas negros; en torno a los ojos muestran un trazo negro comparable a un ligero antifaz. Anida en los islotes y acantilados del Atlántico norte y, en invierno, llega hasta las islas Canarias y se adelanta también en el Mediterráneo occidental.



En Hispanoamérica, las especies más abundantes son la Sula sula y la Sula leucogaster en las Antillas donde reciben los nombres de bubí o boba, y la Sula dactylatra, Sula nebouxii y Sula variegata en las costas de la Argentina, Chile, Perú, etc., recibiendo en general el nombre de piquero.

El nombre de alcatraz se aplica en cambio en toda la América hispana, a las aves marinas del género  Pelecanus, o sea los llamados en España pelícanos. Las especies más abundantes en aquellas aguas, son los Pelecanus erithrorhyncus y los Pelecanus occidentalis.   

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XL)

Quien siembra vientos recoge tempestades. Tiene razón el refrán. O eso parece. Después de haber pasado meses y meses hablando de vientos, ahora, este invierno, hemos recogido tempestades, tormentas, temporales y borrascas. Últimamente, por los meteorólogos, se les da el nombre de ciclogénesis explosiva. O algo así. Ellos sabrán.
Y ahora tengo una alternativa. O un dilema. Que es la situación de alguien cuando tiene forzosamente que elegir entre dos soluciones. Siempre, o casi siempre, ambas malas. La disyuntiva es la siguiente: ¿Sigo o no sigo escribiendo sobre vientos? Es que me siento culpable. Estoy descorazonado. Abatido. Desanimado. Pues llevo varias semanas deshojando la margarita. Sí… no; sí… no; sí… no… Es como aquello del “me quiere, no me quiere…”
La última entrada o entrega se publicó el sábado 21 de diciembre del año pasado. “¿Volverán las oscuras golondrinas?” ¿Volveremos a ver los albatros de plumaje blanco? ¿Volveremos a ver esa ave palmípeda, mayor que un pato, con las alas y la cola muy largas, y buena voladora? ¿Volveremos a ver la Diomedea exulans?
Albatros es el nombre común que se aplica a todas las trece especies de aves de la familia Diomedeidas, que comprende los géneros Diomedea y Phoebetria. Los albatros son grandes aves marinas primarias que podemos considerar como oceánicas por excelencia. Su cuerpo es robusto y alargado y la cola muy corta; el cuello de longitud regular; el pico fuerte y largo, curvo en su punta como el de las rapaces y formado por varias piezas córneas ensambladas; la forma de estas piezas varía en cada especie, por lo que facilitan mucho la identificación en mano de los distintos albatros.



Para el observador, la característica que más singulariza a estas aves en vuelo, son las alas estrechas, curvadas y extraordinariamente alargadas, tanto, que el albatros viajero, el Diomedeas exulans del párrafo anterior, sobrepasa la envergadura del cóndor, siendo por tanto la máxima conocida. La forma de las alas es parecida a la de los vencejos, que también las tienen muy alargadas, estrechas y curvas, siendo este tipo alar el propio de las aves que poseen más desarrolladas las facultades voladoras. Sus patas son cortas, con los dedos unidos por la membrana natatoria. El plumaje es denso e impermeabilizado por las secreciones sebáceas, siendo sus colores dominantes el blanco, negro y castaño.
Cuando yo era grumete, in illo tempore, mi amigo Baltasar, del que ya he hablado  en otra ocasión, me decía muchas cosas sobre los albatros. Por ejemplo, que la distribución geográfica de estas aves, indica que es una familia propia de los océanos del hemisferio sur, pues nueve especies habitan los mares australes; una es exclusivamente tropical y vive en las islas Galápagos y solo las tres restantes habitan el norte del océano Pacífico. Los albatros pasan una gran parte de su existencia en el aire; sobrevuelan durante meses las inmensidades marinas sin acercarse a las costas, lo que realizan únicamente el tiempo de la reproducción, escogiendo a este fin las islas más remotas, tales como las de Diego Ramírez, Kerguelen, Georgia del Sur, Tristán de Acuña, Gough, San Pablo, Chatham, Bounty, Antípodas, Macquerie, etc.
Para emprender el vuelo, los albatros necesitan impulsarse corriendo por la superficie; ya en el aire, vuelan sosegados por regla general, pues les bastan algunos batidos de sus larguísimas alas, para remontarse en el espacio y practican el vuelo a vela aprovechando las corrientes de aire que les mantienen por espacio de muchas horas sin que las aves deban realizar el menor esfuerzo; algunas especies utilizan la corriente de aire que produce un buque en movimiento, situándose encima de la popa y siguiendo su derrota con sus poderosas alas inmóviles. Su potencia de vuelo les lleva a través de los océanos,  recorriendo distancias del orden de 10000 (diez mil) millas, pero no parece probado que sigan durante semanas a los buques, como tanto se ha afirmado.
Durante su alto observatorio, los albatros escudriñan la superficie de las aguas acechando a los peces y cefalópodos que constituyen su alimento normal. Al parecer, muchas de sus presas las capturan de noche, particularmente los pulpos, sepias y jibias que en las horas de obscuridad aparecen en la superficie.
Algunas especies, ejecutan unas curiosas ceremonias nupciales y, entre los meses de septiembre a noviembre, ponen en tierra, aprovechando un ligero hueco o encima de un montón de tierra, plumas, restos de pescado y excrementos, un único huevo ovalado de gran tamaño y usualmente maculado. Los pollos son nidófilos y los padres los alimentan regurgitando el contenido de sus estómagos; cebados de este modo, almacenan gran cantidad de grasa, viviendo a sus expensas cuando echan la pluma, ya que en este período los padres no los alimentan.
Muchas especies adquieren el plumaje de los adultos hasta pasados varios años, siendo idénticos ambos sexos a excepción del albatros viajero antes mencionado.
De los dos géneros que hemos dicho comprende esta familia, el más numeroso es el Diomedea, mientras que el género Phoebetria tan solo comprende dos especies. Estas últimas, se diferencian de los restantes representantes de su familia por sus formas más esbeltas y sus alas aún más estrechas, que en el aire les proporcionan una ligereza y capacidad de maniobra mayores si cabe. Ambas especies (Phoebetria fusca) y Ph. Palpebrata), anidan en acantilados y no en terreno llano como las demás, lanzándose más fácilmente al espacio desde las alturas, sin tener que tomar impulso previamente.

El nombre de albatros, se aplica casi universalmente, aunque también son llamados, en Hispanoamérica, pájaros carneros y otros nombres locales, ocurriendo lo mismo en lengua inglesa, etc.

sábado, 21 de diciembre de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XXXIX)

Velas y vientos… Velas y vergas… Velas y jarcias… Velas y obenques… Hoy vamos a hablar algo de los obenques. Obenque es cada uno de los cabos gruesos de cáñamo o alambre con que se sujeta un palo macho o mastelero desde la cabeza a la cubierta, mesa de guarnición o cofa correspondiente, por una y otra banda. Actualmente los obenques son siempre de cables de acero, a no ser que se trate de un bote, donde algunas veces se emplean de cáñamo o cabo sintético. Pueden ser dobles o sencillos y toman la denominación del palo respectivo: obenques mayores, de trinquete, de mesana, etc. El obenque aturbantado es el que se ligaba al cuello del palo después de encapillarlo y antes de tesarlo, como era costumbre con los proeles de las jarcias mayores al objeto de facilitar el braceo de las vergas. Obenque volante es el que sujeta con un aparejo en vez de vigota o tensor. Son frases marineras: Abozar los obenques, o sea, sujetarlos a la borda con bozas cuando se teme desarbolar a fin de poder picarlos fácilmente si llega el caso y que entonces el palo se desatraque pronto del costado, sin que así pueda llegar a producir averías graves en el casco. La obencadura es pues el conjunto de obenques de todos los palos y el de cada uno de ellos en particular. En este último caso, y refiriéndose a la de una banda, también se dice tabla de jarcia.
Templar la obencadura, en general, es dar igual grado de tensión a dos o más cables, cabos o betas de aparejos que trabajan, pero en rigor debe entenderse que los cabos han de ser de igual mena y aun de la misma longitud, para que la operación sea exacta, porque de lo contrario es imposible acertar con el grado de tensión necesario para que trabajen a un tiempo. De ahí la razón de que ya en las antiguas ordenanzas se tachara de inútil  la maniobra de dar un calabrote en ayuda de un cable.
En acepción común se dice templar el aparejo por proporcionar la vela según el objetivo propuesto o en general para que el buque gobierne bien y no se halle expuesto a zozobrar. Culebrear o aculebrear los obenques: Culebra es el cabo largo y delgado empleado en aferrar cualquier vela sobre un palo, verga o entena, por medio de vueltas en espiral; es  equivalente al denominado tomador de culebra, aunque éste es más corto y sirve para dar trincas de trecho en trecho. Al mismo tiempo es el cabo largo usado en envergar una cangreja al palo o esnón con vueltas espirales a través de los ollaos de la vela y en torno al palo. En ciertos aparejos de yates va culebreado el pujamen de la trinqueta, mayor o mesana, a la botavara respectiva y de un modo igual al citado antes. Culebra es, también, el pedazo largo de vaivén o rebenque que se pasa y afirma serpenteando entre dos cabos por si falta uno de éstos, que queda colgando. Se acostumbraba a dar a los obenques, brandales o estayes, cuando era de temer su rotura. Y, finalmente, culebra es el cabo de mena adecuada, tendido a lo largo del costado, para que se agarren a él los proeles de los botes y demás gente embarcada en ellos, cuando se atracan al buque.
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Ahora, de jubilado, me gusta estar sedente y silente. Es decir, sentado y silencioso. Especulando, conjeturando y divagando. Sentado y silencioso pero, a ser posible, en un amplio y cómodo sillón frailero, como diría Azorín. Y, cuando estoy sedente y silente,  barrunto cuán agradables deben ser los coloquios al fuego de la chimenea en las noches de invierno. Tres o cuatro interlocutores, creo,  es el número ideal para un platicar  ameno, agradable y ático. Tres o cuatro interlocutores que sepan hablar y que sepan escuchar, claro. Y que la Oratoria, la Dialéctica y la Retórica dialoguen. Esa es la condición sine qua non. Una condición, para mí, absolutamente necesaria. 
Aunque yo tengo vocación de cartujo -me seduce la Orden benedictina fundada por San Bruno en el siglo XI-  no le hago ascos a una buena conversación. ¡Pero son tan escasas las ocasiones! Tienen que estar en conjunción varios planetas y eso sucede cada muchos lustros. ¡Qué le vamos a hacer! No niego que me atrae el silencio y la soledad. ¿Sabéis por qué? Porque solo en soledad se siente la sed de verdad. Antes prefiero ser dueño de mis silencios que no serlo de mis palabras. Palabra y piedra suelta, ya se sabe, no tienen vuelta.  Entre el Cosmos y el Caos prefiero el conjunto de todas las cosas creadas; la totalidad del universo como conjunto ordenado. Entre la verdad y la mentira prefiero, hoy va de preferencias o predilecciones,  la verdad.  La mentira es trilingüe –milicia contra la malicia-  la verdad es muda. “¿Tu verdad?  No, la Verdad. La tuya, guárdatela”, escribió  Antonio Machado. Mi barca, aviso a navegantes, siempre ha surcado los procelosos mares de la vida sin velas de mentiras ni remos de lisonjas. ¡Cuántos escollos! ¡Cuántos arrecifes! ¡Cuántos farallones!  Los mitológicos de Escila y Caribdis y otros muchos más. “¡Pobre barquilla mía / entre peñascos rota / sin velas desvelada / y entre las olas sola!”                        
Hay, dicen,  tres cultivos eternos: la inteligencia, la sensibilidad y la conciencia. Hay tres cultivos imperecederos  pero pocos cultivadores. La mies es mucha pero los obreros son pocos. Y así nos va a los humanos.  Mal, claro. Rematadamente mal.
Pese a todo, la Esperanza es lo último que se pierde. 

                              ¡Feliz Navidad a todos! ¡Feliz Navidad!



VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XXXVIII)

Velas … y vergas. La verga es la percha en condiciones de girar alrededor de su centro y por la cara de proa del palo o mastelero correspondiente, la cual sirve para fijar o envergar en ella una vela. Las vergas reciben el nombre del palo o mastelero en que van, o de la vela misma si es volante o de quita y pon, excepto la de mesana  que cuando únicamente sirve para cazar la de sobremesana, se llama gata o seca; algunos acostumbran a llamar verga de tope a la de sobremesana. Así, los nombres de las vergas del palo trinquete (de abajo para arriba, y el mismo orden se sigue en los demás palos), son de trinquete, de velacho bajo, de velacho alto, de juanete de proa y de sobrejuanete de proa. Las del palo mayor, son mayor, de gavia baja, de gavia alta, de juanete mayor y de sobrejuanete mayor. Y las del mesana: seca (si lleva envergada vela, mesana), sobremesana, perico y sobreperico. Cuando los juanetes son dobles, se diferencian como las gavias con los nombres de alto y bajo, y antepuesta la denominación correspondiente, según el palo de que se trate. La parte central de la verga, ochavada, se llama cruz; la porción circular tercio, y el extremo, penol.
Verga de abanico es la percha que cruza diagonalmente una vela de abanico para mantenerla desplegada; es la misma que en esta clase de aparejo se denomina botavara. Verga de ala es aquélla en la que se sujeta el grátil de un ala, total o parcialmente; verga de cebadera es la que atravesada en el bauprés y por debajo del tamborete, servía para largar la cebadera. Verga de sobrecebadera es otra semejante a la anterior y que se empleaba en largar la vela de este nombre. Vergas mayores: en buques de tres palos, la mayor, el trinquete y la seca, y en los de dos, las dos primeras. Las de gavia son las que están cruzadas inmediatamente por encima de las mayores, y que en los buques de tres palos son la de gavia, velacho y sobremesana, y en los de dos, las dos primeras. Vergas de los masteleros de juanete son las que van en esta parte de los palos.
Frases marineras: Vestir las vergas es guarnirles los cabos y aparejos para su sujeción y orientación, así como para el envergado de la vela correspondiente. Izar las vergas es subirlas hasta el punto en que deban estar para largar las velas. Cruzar las vergas es ponerlas en la posición denominada cruz. Embicar las vergas es ponerlas formando un ángulo con la horizontal que pasa por su cruz, arriando de un amantillo y cobrando del opuesto; en puerto, se hace en señal de luto. Amantillar las vergas es cobrar de uno u otro amantillo lo que sea preciso para dejarlas horizontales. Bracear las vergas es halar de las brazas de una u otra banda para hacer girar las vergas horizontalmente hasta situarlas en el plano o dirección que convenga, según el ángulo que hayan de formar con el viento. Pueden bracearse a ceñir; en cruz; por redondo o a dos puños; en contra, por delante o en facha; en viento y a la cuadra. Arranchar las vergas es bracearlas a ceñir mucho. Perfilar las vergas es bracearlas al filo del viento. Abozar las vergas es sujetarlas con bozas. Despenolar las vergas es partirlas por las cercanías del penol, ya sea por descuido, mala maniobra u otra causa. Arriar las vergas es bajarlas a cubierta u otro punto del palo, distinto de aquel en que suelen ir cuando se llevan las velas largas.
Bracear es halar de las brazas por cualquiera de las dos bandas con el fin de que las vergas giren horizontalmente hasta apuntar en la dirección deseada. O medir con las brazas. Otras frases marineras: Bracear a ceñir es halar de las brazas de sotavento cuanto permitan las jarcias de los palos para orientar las vergas a la posición de bolina. Bracear a la cuadra es mover horizontalmente las vergas para navegar con el viento de través o a la cuadra. Bracear en contra, por delante o en facha es halar de las brazas de todo el aparejo o de una parte del mismo hasta que las velas reciban el viento por su cara de proa. Bracear en cruz, por redondo, o a dos puños es cobrar de las brazas de barlovento hasta tener las vergas perpendiculares a la línea de la quilla. Bracear en viento es halar de las brazas de sotavento de una vela en facha o al filo del viento, con el propósito de que reciba éste por su cara de popa. Bracear en caja es arrancar, en su primera acepción. También se  bracean y meten todavía más en cajas las vergas cuando se está en puerto con los masteleros calados.

Halar es tirar de un cabo o de otro objeto cualquiera. Sus frases marineras son: ¡Hala avante! ¡Hala todo! Voces que da el patrón de una embarcación para que los remeros boguen todos a una y así la impulsen avante. ¡Hala babor, cía estribor! Orden de bogar a los remeros de una banda y de ciar a los de la otra para que la embarcación vire. ¡Hala bolinas! Orden de tirar de los cabos de este nombre. ¡Hala duro! Orden a los remeros para que boguen con fuerza. ¡Hala estribor, cía babor! Al revés de ¡Hala babor, cía estribor! ¡Hala remolque de babor! ¡Hala remolque de estribor! Órdenes de tirar o cobrar del remolque indicado. Halar a besar es halar hasta juntar los dos motones o cuadernales de un aparejo. Halar a entrepadas es halar a estrechones o tirones. Halar a la leva es halar seguido. Halar a una embarcación es ponerla en movimiento mediante un cabo halado desde el punto hacia donde se la dirige. Halar avante. Halar bolina es halar el cabo de este nombre para llevar la relinga de barlovento de una vela hacia proa cuando se ciñe. Halar de los remos. Halar el alma es suspirar, desfallecer. Halar la cangreja a barlovento. Halar por largo. Halar por los remos es hacer fuerza al bogar. Halar remolques. Halar y cazar era, antiguamente, lo mismo que halar, aunque propiamente el cazar es de las escotas.