martes, 8 de abril de 2014

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XLII)

Mientras no tenga claro si sigo escribiendo de velas y vientos voy a escribir algo más de aves marinas. Hoy le toca al cormorán.
Cormorán es el nombre común que se aplica a las aves marinas primarias pertenecientes principalmente al género Phalacrocorax y otros similares, de la familia Phalacrocoracidae, del orden pelicaniformes, o sea el mismo en que se incluyen los alcatraces y los pelícanos.
Los cormoranes alcanzan gran tamaño –el cormorán común (Phalacrocorax carbo) mide 90 centímetros- y tienen el cuerpo fusiforme; las patas, implantadas muy atrás y muy cortas, con los pies palmeados; las alas y la cola, largas; el cuello, muy largo, y el pico, largo y fuerte, con el extremo de la mandíbula superior marcadamente curvado en su extremidad, lo que da a estas aves el aspecto de rapaces. Algunas especies poseen una cresta de plumas. Su colorido general es negro, con reflejos verdes o rojizos en las especies europeas, pero en las tropicales o australes abundan las que poseen partes inferiores blancas.
El plumaje de los cormoranes no se halla impermeabilizado como el de otras aves acuáticas, puesto que carecen de la glándula uropigiana que segrega el sebo que unta el plumaje de aquéllas. Por ello, después de varias zambullidas se empapan hasta el extremo de dificultarles el vuelo; en esta situación, han de secarse, lo que realizan colocándose en un pilón que sobresalga del agua o en una peña, de frente al viento, inmóviles y con las alas entreabiertas, ofreciendo en esta actitud una silueta muy característica, comparable al diseño de las águilas heráldicas.
Los cormoranes se extienden por todos los mares del globo, excepción hecha del centro del océano Pacífico, siendo el hemisferio sur donde se hallan representados más géneros. Habitan la zona costera, los estuarios de los ríos y, ciertas especies, frecuentan los lagos del interior.
Se alimentan de peces y crustáceos que capturan zambulléndose y nadando por debajo del agua, sobresaliendo tanto en esta modalidad de captura de peces, que, como es sabido, lo aprovechan chinos y japoneses empleando para la pesca cormoranes convenientemente amaestrados, a los que colocan un anillo metálico y rodeando el cuello para que no engullan el pescado y lo entreguen a su dueño.



Anidan en los islotes desiertos, en los acantilados o en los árboles, y su puesta se compone de dos a cuatro huevos oblongos. Durante la nidificación son gregarios y también en el resto del año.
En los mares de la península Ibérica la especie más corriente es el antes mencionado cormorán común, hallándose también el cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis). En el resto del mundo existen numerosísimas especies.
Entre las aves destacan, por sus inmensas colonias –de millones de ejemplares- y por su importancia económica, las productoras del guano, que tanto se utiliza como abono para la agricultura; éstas son los cormoranes guanayes de la costa del Perú y de Chile, así como el cormorán africano de El Cabo (Phalacrocorax capensis).

En España los cormoranes reciben también a menudo el nombre de cuervos marinos que tanto se veían hace ya bastantes años en  el Corveiro de la playa de Silgar de Sanxenxo de tan gratos recuerdos. (¡Qué tiempos aquéllos! ¡Qué tiempos, Dios mío!). En Hispanoamérica se les aplican en general los nombres –muy divulgados según las diferentes regiones de que se trate- de pato yeco, lile, lilo, viguá, biguá, guanay, cormoril, corúa e infinidad más. 

martes, 18 de marzo de 2014

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XLI)

Alcatraz es el nombre común que se aplica a las aves del género Sula, de la familia Sulidae, orden pelicaniformes. Los alcatraces son aves marinas primarias de gran tamaño, cuerpo robusto y fusiforme, provistas de alas largas, de cola puntiaguda, pico grueso, cónico y agudo; sus patas son cortas, con los dedos unidos por la membrana natatoria. Su plumaje es denso, impermeabilizado y el colorido predominante es el blanco con zonas negras o viceversa; los jóvenes y los adultos de algunas especies, poseen un plumaje pardusco mezclado y todos presentan una pequeña porción de la cara sin emplumar. Los alcatraces se distinguen de las restantes aves marinas, por practicar una extraordinaria modalidad de pesca. Para obtener su alimento, tratan en primer lugar de localizarlo volando  a una cierta altura y cuando han divisado una posible presa, se precipitan a plomo sobre ella y, en caso de no capturarla, la persiguen nadando por de bajo del agua. Esta caída en picado sobre los peces, la efectúan desde alturas de hasta 30 y 40 metros, constituyendo un impresionante espectáculo la caída vertical de estas grandes aves, que levantan un gran surtidor de espuma al entrar en contacto con el agua, visible a buena distancia y que delata sus actividades.
En su zambullida, alcanzan profundidades superiores a los 25 metros. Anidan en colonias situadas en islotes oceánicos o en los acantilados marinos, en un nido formado simplemente con guano y detritus o, como máximo, con palitos y briznas de hierba; depositan allí uno o dos huevos, según las especies,  de forma ovalada y recubiertos de una costra caliza. Son aves silenciosas, exceptuando el tiempo de la nidificación. De las nueve especies existentes, ocho habitan los mares tropicales o del sur y solamente una, el alcatraz común (Sula bassana), es propia de los mares europeos. Esta especie mide 30 cm, tiene el plumaje blanco con los extremos de las alas negros; en torno a los ojos muestran un trazo negro comparable a un ligero antifaz. Anida en los islotes y acantilados del Atlántico norte y, en invierno, llega hasta las islas Canarias y se adelanta también en el Mediterráneo occidental.



En Hispanoamérica, las especies más abundantes son la Sula sula y la Sula leucogaster en las Antillas donde reciben los nombres de bubí o boba, y la Sula dactylatra, Sula nebouxii y Sula variegata en las costas de la Argentina, Chile, Perú, etc., recibiendo en general el nombre de piquero.

El nombre de alcatraz se aplica en cambio en toda la América hispana, a las aves marinas del género  Pelecanus, o sea los llamados en España pelícanos. Las especies más abundantes en aquellas aguas, son los Pelecanus erithrorhyncus y los Pelecanus occidentalis.   

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XL)

Quien siembra vientos recoge tempestades. Tiene razón el refrán. O eso parece. Después de haber pasado meses y meses hablando de vientos, ahora, este invierno, hemos recogido tempestades, tormentas, temporales y borrascas. Últimamente, por los meteorólogos, se les da el nombre de ciclogénesis explosiva. O algo así. Ellos sabrán.
Y ahora tengo una alternativa. O un dilema. Que es la situación de alguien cuando tiene forzosamente que elegir entre dos soluciones. Siempre, o casi siempre, ambas malas. La disyuntiva es la siguiente: ¿Sigo o no sigo escribiendo sobre vientos? Es que me siento culpable. Estoy descorazonado. Abatido. Desanimado. Pues llevo varias semanas deshojando la margarita. Sí… no; sí… no; sí… no… Es como aquello del “me quiere, no me quiere…”
La última entrada o entrega se publicó el sábado 21 de diciembre del año pasado. “¿Volverán las oscuras golondrinas?” ¿Volveremos a ver los albatros de plumaje blanco? ¿Volveremos a ver esa ave palmípeda, mayor que un pato, con las alas y la cola muy largas, y buena voladora? ¿Volveremos a ver la Diomedea exulans?
Albatros es el nombre común que se aplica a todas las trece especies de aves de la familia Diomedeidas, que comprende los géneros Diomedea y Phoebetria. Los albatros son grandes aves marinas primarias que podemos considerar como oceánicas por excelencia. Su cuerpo es robusto y alargado y la cola muy corta; el cuello de longitud regular; el pico fuerte y largo, curvo en su punta como el de las rapaces y formado por varias piezas córneas ensambladas; la forma de estas piezas varía en cada especie, por lo que facilitan mucho la identificación en mano de los distintos albatros.



Para el observador, la característica que más singulariza a estas aves en vuelo, son las alas estrechas, curvadas y extraordinariamente alargadas, tanto, que el albatros viajero, el Diomedeas exulans del párrafo anterior, sobrepasa la envergadura del cóndor, siendo por tanto la máxima conocida. La forma de las alas es parecida a la de los vencejos, que también las tienen muy alargadas, estrechas y curvas, siendo este tipo alar el propio de las aves que poseen más desarrolladas las facultades voladoras. Sus patas son cortas, con los dedos unidos por la membrana natatoria. El plumaje es denso e impermeabilizado por las secreciones sebáceas, siendo sus colores dominantes el blanco, negro y castaño.
Cuando yo era grumete, in illo tempore, mi amigo Baltasar, del que ya he hablado  en otra ocasión, me decía muchas cosas sobre los albatros. Por ejemplo, que la distribución geográfica de estas aves, indica que es una familia propia de los océanos del hemisferio sur, pues nueve especies habitan los mares australes; una es exclusivamente tropical y vive en las islas Galápagos y solo las tres restantes habitan el norte del océano Pacífico. Los albatros pasan una gran parte de su existencia en el aire; sobrevuelan durante meses las inmensidades marinas sin acercarse a las costas, lo que realizan únicamente el tiempo de la reproducción, escogiendo a este fin las islas más remotas, tales como las de Diego Ramírez, Kerguelen, Georgia del Sur, Tristán de Acuña, Gough, San Pablo, Chatham, Bounty, Antípodas, Macquerie, etc.
Para emprender el vuelo, los albatros necesitan impulsarse corriendo por la superficie; ya en el aire, vuelan sosegados por regla general, pues les bastan algunos batidos de sus larguísimas alas, para remontarse en el espacio y practican el vuelo a vela aprovechando las corrientes de aire que les mantienen por espacio de muchas horas sin que las aves deban realizar el menor esfuerzo; algunas especies utilizan la corriente de aire que produce un buque en movimiento, situándose encima de la popa y siguiendo su derrota con sus poderosas alas inmóviles. Su potencia de vuelo les lleva a través de los océanos,  recorriendo distancias del orden de 10000 (diez mil) millas, pero no parece probado que sigan durante semanas a los buques, como tanto se ha afirmado.
Durante su alto observatorio, los albatros escudriñan la superficie de las aguas acechando a los peces y cefalópodos que constituyen su alimento normal. Al parecer, muchas de sus presas las capturan de noche, particularmente los pulpos, sepias y jibias que en las horas de obscuridad aparecen en la superficie.
Algunas especies, ejecutan unas curiosas ceremonias nupciales y, entre los meses de septiembre a noviembre, ponen en tierra, aprovechando un ligero hueco o encima de un montón de tierra, plumas, restos de pescado y excrementos, un único huevo ovalado de gran tamaño y usualmente maculado. Los pollos son nidófilos y los padres los alimentan regurgitando el contenido de sus estómagos; cebados de este modo, almacenan gran cantidad de grasa, viviendo a sus expensas cuando echan la pluma, ya que en este período los padres no los alimentan.
Muchas especies adquieren el plumaje de los adultos hasta pasados varios años, siendo idénticos ambos sexos a excepción del albatros viajero antes mencionado.
De los dos géneros que hemos dicho comprende esta familia, el más numeroso es el Diomedea, mientras que el género Phoebetria tan solo comprende dos especies. Estas últimas, se diferencian de los restantes representantes de su familia por sus formas más esbeltas y sus alas aún más estrechas, que en el aire les proporcionan una ligereza y capacidad de maniobra mayores si cabe. Ambas especies (Phoebetria fusca) y Ph. Palpebrata), anidan en acantilados y no en terreno llano como las demás, lanzándose más fácilmente al espacio desde las alturas, sin tener que tomar impulso previamente.

El nombre de albatros, se aplica casi universalmente, aunque también son llamados, en Hispanoamérica, pájaros carneros y otros nombres locales, ocurriendo lo mismo en lengua inglesa, etc.

sábado, 21 de diciembre de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XXXIX)

Velas y vientos… Velas y vergas… Velas y jarcias… Velas y obenques… Hoy vamos a hablar algo de los obenques. Obenque es cada uno de los cabos gruesos de cáñamo o alambre con que se sujeta un palo macho o mastelero desde la cabeza a la cubierta, mesa de guarnición o cofa correspondiente, por una y otra banda. Actualmente los obenques son siempre de cables de acero, a no ser que se trate de un bote, donde algunas veces se emplean de cáñamo o cabo sintético. Pueden ser dobles o sencillos y toman la denominación del palo respectivo: obenques mayores, de trinquete, de mesana, etc. El obenque aturbantado es el que se ligaba al cuello del palo después de encapillarlo y antes de tesarlo, como era costumbre con los proeles de las jarcias mayores al objeto de facilitar el braceo de las vergas. Obenque volante es el que sujeta con un aparejo en vez de vigota o tensor. Son frases marineras: Abozar los obenques, o sea, sujetarlos a la borda con bozas cuando se teme desarbolar a fin de poder picarlos fácilmente si llega el caso y que entonces el palo se desatraque pronto del costado, sin que así pueda llegar a producir averías graves en el casco. La obencadura es pues el conjunto de obenques de todos los palos y el de cada uno de ellos en particular. En este último caso, y refiriéndose a la de una banda, también se dice tabla de jarcia.
Templar la obencadura, en general, es dar igual grado de tensión a dos o más cables, cabos o betas de aparejos que trabajan, pero en rigor debe entenderse que los cabos han de ser de igual mena y aun de la misma longitud, para que la operación sea exacta, porque de lo contrario es imposible acertar con el grado de tensión necesario para que trabajen a un tiempo. De ahí la razón de que ya en las antiguas ordenanzas se tachara de inútil  la maniobra de dar un calabrote en ayuda de un cable.
En acepción común se dice templar el aparejo por proporcionar la vela según el objetivo propuesto o en general para que el buque gobierne bien y no se halle expuesto a zozobrar. Culebrear o aculebrear los obenques: Culebra es el cabo largo y delgado empleado en aferrar cualquier vela sobre un palo, verga o entena, por medio de vueltas en espiral; es  equivalente al denominado tomador de culebra, aunque éste es más corto y sirve para dar trincas de trecho en trecho. Al mismo tiempo es el cabo largo usado en envergar una cangreja al palo o esnón con vueltas espirales a través de los ollaos de la vela y en torno al palo. En ciertos aparejos de yates va culebreado el pujamen de la trinqueta, mayor o mesana, a la botavara respectiva y de un modo igual al citado antes. Culebra es, también, el pedazo largo de vaivén o rebenque que se pasa y afirma serpenteando entre dos cabos por si falta uno de éstos, que queda colgando. Se acostumbraba a dar a los obenques, brandales o estayes, cuando era de temer su rotura. Y, finalmente, culebra es el cabo de mena adecuada, tendido a lo largo del costado, para que se agarren a él los proeles de los botes y demás gente embarcada en ellos, cuando se atracan al buque.
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Ahora, de jubilado, me gusta estar sedente y silente. Es decir, sentado y silencioso. Especulando, conjeturando y divagando. Sentado y silencioso pero, a ser posible, en un amplio y cómodo sillón frailero, como diría Azorín. Y, cuando estoy sedente y silente,  barrunto cuán agradables deben ser los coloquios al fuego de la chimenea en las noches de invierno. Tres o cuatro interlocutores, creo,  es el número ideal para un platicar  ameno, agradable y ático. Tres o cuatro interlocutores que sepan hablar y que sepan escuchar, claro. Y que la Oratoria, la Dialéctica y la Retórica dialoguen. Esa es la condición sine qua non. Una condición, para mí, absolutamente necesaria. 
Aunque yo tengo vocación de cartujo -me seduce la Orden benedictina fundada por San Bruno en el siglo XI-  no le hago ascos a una buena conversación. ¡Pero son tan escasas las ocasiones! Tienen que estar en conjunción varios planetas y eso sucede cada muchos lustros. ¡Qué le vamos a hacer! No niego que me atrae el silencio y la soledad. ¿Sabéis por qué? Porque solo en soledad se siente la sed de verdad. Antes prefiero ser dueño de mis silencios que no serlo de mis palabras. Palabra y piedra suelta, ya se sabe, no tienen vuelta.  Entre el Cosmos y el Caos prefiero el conjunto de todas las cosas creadas; la totalidad del universo como conjunto ordenado. Entre la verdad y la mentira prefiero, hoy va de preferencias o predilecciones,  la verdad.  La mentira es trilingüe –milicia contra la malicia-  la verdad es muda. “¿Tu verdad?  No, la Verdad. La tuya, guárdatela”, escribió  Antonio Machado. Mi barca, aviso a navegantes, siempre ha surcado los procelosos mares de la vida sin velas de mentiras ni remos de lisonjas. ¡Cuántos escollos! ¡Cuántos arrecifes! ¡Cuántos farallones!  Los mitológicos de Escila y Caribdis y otros muchos más. “¡Pobre barquilla mía / entre peñascos rota / sin velas desvelada / y entre las olas sola!”                        
Hay, dicen,  tres cultivos eternos: la inteligencia, la sensibilidad y la conciencia. Hay tres cultivos imperecederos  pero pocos cultivadores. La mies es mucha pero los obreros son pocos. Y así nos va a los humanos.  Mal, claro. Rematadamente mal.
Pese a todo, la Esperanza es lo último que se pierde. 

                              ¡Feliz Navidad a todos! ¡Feliz Navidad!



VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XXXVIII)

Velas … y vergas. La verga es la percha en condiciones de girar alrededor de su centro y por la cara de proa del palo o mastelero correspondiente, la cual sirve para fijar o envergar en ella una vela. Las vergas reciben el nombre del palo o mastelero en que van, o de la vela misma si es volante o de quita y pon, excepto la de mesana  que cuando únicamente sirve para cazar la de sobremesana, se llama gata o seca; algunos acostumbran a llamar verga de tope a la de sobremesana. Así, los nombres de las vergas del palo trinquete (de abajo para arriba, y el mismo orden se sigue en los demás palos), son de trinquete, de velacho bajo, de velacho alto, de juanete de proa y de sobrejuanete de proa. Las del palo mayor, son mayor, de gavia baja, de gavia alta, de juanete mayor y de sobrejuanete mayor. Y las del mesana: seca (si lleva envergada vela, mesana), sobremesana, perico y sobreperico. Cuando los juanetes son dobles, se diferencian como las gavias con los nombres de alto y bajo, y antepuesta la denominación correspondiente, según el palo de que se trate. La parte central de la verga, ochavada, se llama cruz; la porción circular tercio, y el extremo, penol.
Verga de abanico es la percha que cruza diagonalmente una vela de abanico para mantenerla desplegada; es la misma que en esta clase de aparejo se denomina botavara. Verga de ala es aquélla en la que se sujeta el grátil de un ala, total o parcialmente; verga de cebadera es la que atravesada en el bauprés y por debajo del tamborete, servía para largar la cebadera. Verga de sobrecebadera es otra semejante a la anterior y que se empleaba en largar la vela de este nombre. Vergas mayores: en buques de tres palos, la mayor, el trinquete y la seca, y en los de dos, las dos primeras. Las de gavia son las que están cruzadas inmediatamente por encima de las mayores, y que en los buques de tres palos son la de gavia, velacho y sobremesana, y en los de dos, las dos primeras. Vergas de los masteleros de juanete son las que van en esta parte de los palos.
Frases marineras: Vestir las vergas es guarnirles los cabos y aparejos para su sujeción y orientación, así como para el envergado de la vela correspondiente. Izar las vergas es subirlas hasta el punto en que deban estar para largar las velas. Cruzar las vergas es ponerlas en la posición denominada cruz. Embicar las vergas es ponerlas formando un ángulo con la horizontal que pasa por su cruz, arriando de un amantillo y cobrando del opuesto; en puerto, se hace en señal de luto. Amantillar las vergas es cobrar de uno u otro amantillo lo que sea preciso para dejarlas horizontales. Bracear las vergas es halar de las brazas de una u otra banda para hacer girar las vergas horizontalmente hasta situarlas en el plano o dirección que convenga, según el ángulo que hayan de formar con el viento. Pueden bracearse a ceñir; en cruz; por redondo o a dos puños; en contra, por delante o en facha; en viento y a la cuadra. Arranchar las vergas es bracearlas a ceñir mucho. Perfilar las vergas es bracearlas al filo del viento. Abozar las vergas es sujetarlas con bozas. Despenolar las vergas es partirlas por las cercanías del penol, ya sea por descuido, mala maniobra u otra causa. Arriar las vergas es bajarlas a cubierta u otro punto del palo, distinto de aquel en que suelen ir cuando se llevan las velas largas.
Bracear es halar de las brazas por cualquiera de las dos bandas con el fin de que las vergas giren horizontalmente hasta apuntar en la dirección deseada. O medir con las brazas. Otras frases marineras: Bracear a ceñir es halar de las brazas de sotavento cuanto permitan las jarcias de los palos para orientar las vergas a la posición de bolina. Bracear a la cuadra es mover horizontalmente las vergas para navegar con el viento de través o a la cuadra. Bracear en contra, por delante o en facha es halar de las brazas de todo el aparejo o de una parte del mismo hasta que las velas reciban el viento por su cara de proa. Bracear en cruz, por redondo, o a dos puños es cobrar de las brazas de barlovento hasta tener las vergas perpendiculares a la línea de la quilla. Bracear en viento es halar de las brazas de sotavento de una vela en facha o al filo del viento, con el propósito de que reciba éste por su cara de popa. Bracear en caja es arrancar, en su primera acepción. También se  bracean y meten todavía más en cajas las vergas cuando se está en puerto con los masteleros calados.

Halar es tirar de un cabo o de otro objeto cualquiera. Sus frases marineras son: ¡Hala avante! ¡Hala todo! Voces que da el patrón de una embarcación para que los remeros boguen todos a una y así la impulsen avante. ¡Hala babor, cía estribor! Orden de bogar a los remeros de una banda y de ciar a los de la otra para que la embarcación vire. ¡Hala bolinas! Orden de tirar de los cabos de este nombre. ¡Hala duro! Orden a los remeros para que boguen con fuerza. ¡Hala estribor, cía babor! Al revés de ¡Hala babor, cía estribor! ¡Hala remolque de babor! ¡Hala remolque de estribor! Órdenes de tirar o cobrar del remolque indicado. Halar a besar es halar hasta juntar los dos motones o cuadernales de un aparejo. Halar a entrepadas es halar a estrechones o tirones. Halar a la leva es halar seguido. Halar a una embarcación es ponerla en movimiento mediante un cabo halado desde el punto hacia donde se la dirige. Halar avante. Halar bolina es halar el cabo de este nombre para llevar la relinga de barlovento de una vela hacia proa cuando se ciñe. Halar de los remos. Halar el alma es suspirar, desfallecer. Halar la cangreja a barlovento. Halar por largo. Halar por los remos es hacer fuerza al bogar. Halar remolques. Halar y cazar era, antiguamente, lo mismo que halar, aunque propiamente el cazar es de las escotas.   

martes, 26 de noviembre de 2013

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XXXVII)

Por el mismo tiempo o a comienzos del XVIII, no está dilucidado del todo, se conocen los foques, que en España es preciso esperar hasta 1783 para verlos declarados reglamentarios. Los foques desterrarían la cebadera, vela de evolución heredada por los navíos de las carabelas y naos, y que tenía el no pequeño inconveniente de embarcar agua en cuanto se levantara un poco de marejada; a pesar de abrírsele unos orificios de desagüe, en la práctica era obligado aferrarla pronto, pues de lo contrario eran fáciles las averías. Pero como era necesaria una vela de maniobra o giro, vela que hiciera arribar al buque en determinados momentos, especialmente al meter al viento el resto del aparejo, se recurrió al tormentín o pequeña vela cuadra que se largaba en un palo corto y delgado en el extremo del bauprés, donde, como era difícil afirmarlo bien, se rendía con demasiada frecuencia; tampoco una segunda cebadera, la contracebadera, vino a ofrecer mayores ventajas, siendo al fin los foques la verdadera solución al problema y cuya primacía en la idea parece ser que corresponde a los holandeses, y, según algunos, ya en la segunda mitad del siglo XVII. La vela latina en el mesana continuó hasta después de mediado el siglo XVIII; se cuenta del capitán de un barco inglés (hacia 1750), al que le habían faltado la verga algo más debajo de la cruz, que cortó el paño sobrante a proa, logrando tan buenos resultados que por ellos se generalizó como vela cangreja, y el trozo de percha alto pasó a ser el pico de nuestros días. No obstante la anécdota acaba de referir, debe señalarse que en sus primeros tiempos la cangreja iba envergada en una entena de vela latina, con la diferencia de que la vela terminaba en el palo y el resto de la entena hasta el car era seca, es decir, sin vela.
A las velas mencionadas debe añadirse la trinquetilla, que se larga con botavara o sin ella en el estay de trinquete, entre dicho palo y el bauprés o la proa. También hay que mencionar otras velas propias de embarcaciones de pequeño porte o simples botes, y son las siguientes: quechemarina, al vela al tercio parecida a las usadas por los quechemarines y que largaban los faluchos grandes con mal tiempo, especialmente los del resguardo en el sur de la Península; mística, vela trapezoidal, intermedia entre la latina y la vela al tercio, empleada por los místicos; guaira, vela triangular envergada al palo o a una entena que se mantiene atracada a éste; vela de abanico, que es la trapezoidal que se orienta por medio de una percha en diagonal, desde el pie del palo hasta el puño de pena; vela al tercio, también trapezoidal, unida a una entena que se suspende por medio de una driza firme a un tercio de la longitud de aquélla, a contar del penol correspondiente a la relinga de la caída de proa, un poco más corta que la de popa o baluma.
Hay además otras velas que reciben una denominación particular o sobrenombre: carbonera o vela de estay mayor, cuyo nombre se debe seguramente al uso que de ella hacían los carboneros ingleses; candonga, vela triangular que los faluchos y otras embarcaciones latinas orientaban en el palo de mesana para capear un tiempo y se envergaba con pasadera en el palo como una guaira, cargándose con la escota de la mesana; treo o trinquete redondo, que largaban las embarcaciones de aparejo latino al correr un temporal; píchola, latina pequeña usada por los jabeques en caso de mal tiempo; entrepenas, vela triangular que en los jabeques  y místicos se largaba de pena a pena de las mayores al navegar en popa; tallavientos, la que en los lugres, quechemarines y trincaduras sustituía a la mayor cuando por el mucho viento no podía aguantarse ni rizada; borriquete, trinquete de fortuna usado por las trincaduras para capear o correr un tiempo; monterilla, sobrenombre del sosobre o vela más arriba del juanete alto; pollaca, foque grande, propio de las embarcaciones de aparejo latino.

Las velas primitivas estaban hechas de pieles de animales, y los chinos todavía las usan de estera. Luego, y hasta comienzo del siglo pasado, las fibras empleadas en la hilatura de lonas para velas era invariablemente de cáñamo o lino. Éste ofrecía mejores resultados, ya que, además de tener superior resistencia, posee la apreciable cualidad de que las velas hechas de él permanecen suaves y flexibles, y ello tiene gran importancia, sobre todo en las faenas de rizar o aferrar con viento duro; sin embargo, en España era reglamentario el cáñamo para velas de los buques de guerra y procedía de Orihuela y Granada, en donde se cosecha de la mejor calidad. El lino para velas se cultivaba en Inglaterra, Francia, Rusia, Holanda, Bélgica y Finlandia. 

VELAS Y VIENTOS, VIENTOS Y VELAS (XXXVI)

Las velas se vienen clasificando tradicionalmente en cuadriláteras y triangulares, aunque, según después indicaremos, hay algunas, en particular de los yates, que no guardan semejanza con ninguno de estos polígonos y es preciso considerarlas aparte. Las velas cuadriláteras se subdividen en cuadrilongas, trapecias  simétricas y trapezoides; las dos primeras se denominan cuadras por su figura, o redondas, porque se marean y bracean por redondo, y también de cruz, porque la forman con el palo en que se izan. Al grupo de velas trapezoidales pertenecen las cangrejas o cangrejos, velas de estay, escandalosas y foques de cuatro puños. Son triangulares las latinas, foques, velas de estay y escandalosas de tres puños; en general, las velas envergadas en nervios en la dirección del plano longitudinal del buque o en botavaras con el punto de giro en él, se conocen por velas de cuchillo. Los grandes veleros también usaron rastreras  y alas de velacho y juanete, en el palo trinquete, y alas de gavia y juanete, en el mayor.
Las velas redondas van unidas a vergas y, como se ha dicho, tienen cuatro lados: grátil, el alto; pujamen, el bajo; , y caídas, los laterales. Y cuatro puños, los dos altos, de empuñidura , y los dos bajos, de escota. Los paños corren verticalmente y llevan refuerzos, diagonales y fajas de rizos, según la clase de vela.
En las cangrejas los lados se denominan: grátil, el alto, pujamen, el bajo, caída de proa, el de proa, y baluma, el de popa. Y sus cuatro puños: de amura, el vértice del pujamen y la caída de proa; de boca, el de la caída de proa y el grátil alto; de pena, el del grátil alto y la baluma, y de escota el de la baluma y el pujamen. Antes los paños de estas velas iban dispuestos paralelamente a la baluma o caída de popa; ahora, por razones de estabilidad de la forma y para darle los alunamientos a la baluma y caída de proa, en particular de los yates, se disponen perpendicularmente a la baluma, que suele tener convexidad hacia fuera y la cual se aguanta por medio de sables (tablillas de madera o material plástico en la dirección de las costuras y dentro de fundas cosidas a la vela).
Las velas Marconi o bermudianas tienen tres lados: grátilcaída de proa, baluma o caída de popa y pujamen. Los tres puños se llaman: de amura, de pena y de escota. Los paños van perpendiculares a la baluma y con sables en la forma dicha antes al tratar de la cangreja, aunque el alunamiento o convexidad hacia fuera es mayor en las velas Marconi que en las cangrejas. En el puño de pena o de driza va una llamada tabla de grátil, de madera, duraluminio u otro metal ligero, que tiene por objeto ayudar a los sables a mantener plana la parte de la baluma.    
La nomenclatura de los lados y puños de los foques es la misma indicada para las velas Marconi. En los foques antiguos, y así continúan en algunos veleros mercantes, los paños iban paralelos a la baluma; luego se acostumbró a ponerlos perpendiculares a ésta, y hoy, en los yates, el tipo de foque que se considera superior es el de espineta, que tiene los paños perpendiculares al pujamen y a la baluma, con una costura de unión en la bisectriz del puño de escota. Otro método de corte de los foques es el angular o escocés, introducido en 1825 por Matthew Orr, con los paños paralelos a la baluma y al pujamen, y una costura de unión en la bisectriz del puño de escota. El célebre yate norteamericano Ranger usó en 1937 un foque cuadrilateral o con dos escotas, pero no ha tenido adeptos.
La forma de vela más antigua es la cuadra. La latina es una vela típica del Mediterráneo y del mar Rojo, siendo curioso el hecho de su expansión por todo el ámbito de influencia árabe; se dice que procede del Nilo, pero es de notar que en el Pacífico y en el Índico los praos (sic) usan otra vela triangular parecida a la latina, aunque con una percha o botavara en el pujamen, y quizá de ella pudo derivarse la latina. En la época de los grandes descubrimientos geográficos de portugueses y españoles, las carabelas y naos tenían aparejos compuestos de velas cuadras y latinas, los cuales continuaron en los navíos hasta mediados del siglo XVIII. En los referidos buques del Medioevo  se aumentaba la superficie de la mayor con bonetas o anchas fajas, cayendo en desuso cuando se generalizaron los rizos. A comienzos del siglo XVII aparecen las velas denominadas rastreras, que suspendidas de un botalón aumentaban el área del trinquete, y a fines del mismo, las alas de gavia, velacho y juanete.   (Continuará)