viernes, 13 de agosto de 2010

TRISTÁN E ISOLDA

(Tristan und Isolde)

Wagner interrumpió su Tetralogía para escribir Tristan und Isolde, drama musical en tres actos (con libreto del propio Wagner), cuya partitura acabó en Lucerna el 6 de agosto de 1859. En 1863, después de setenta y siete ensayos, la obra fue declarada en Viena “irrepresentable”; sólo cuando Wagner pudo contar con la protección de Luis II de Baviera y la colaboración del tenor Schnorr von Carolsfeld, fue posible llevar la ópera a la escena. Fue estrenada en Munich el 10 de junio de 1865, bajo la dirección de Hans von Bülow, y recibió una acogida entusiasta por parte del público.
ACTO I
Tristán, sobrino y heredero del anciano rey Marke, salió a luchar contra los irlandeses. En singular combate venció y dio muerte a su caudillo Morold, a quien Isolda amaba, cuya cabeza envió luego al soberano del país. Pero el arma envenenada de Morold había herido también a Tristán y esa herida no podía ser curada sino con un bálsamo que poseía la madre de Isolda, por lo que el héroe se presentó, bajo el nombre de Tantris, a Isolda, la hija del monarca irlandés, célebre por sus aptitudes médicas. Un fragmento de la espada de Morold que había quedado en la herida de su adversario revela a Isolda la personalidad del paciente. Y cuando se dispone a vengar la muerte de su prometido, su mirada se encuentra con la del héroe indefenso: renuncia a la venganza, cura su herida y Tristán vuelve a su patria.Tal es la historia que Isolda ha contado a su doncella Brangane en el camarote real del velero que la conduce a Cornualles en calidad de prometida del viejo rey Marke. Tristán gobierna el barco, atento al timón; a sus pies su fiel servidor Kurwenal. Isolda, desesperada, ofendida en su amor, quiere la única reparación susceptible de borrar la afrenta: servir a Tristán el brebaje mortal que ha sacado de una arqueta y que Brangane ofrecerá a su ofensor a una señal convenida. Pero la fiel doncella, en vez de la pócima mortal, le sirve un brebaje amoroso, del cual bebe también Isolda, ansiosa de dejar una existencia mísera y triste y de no sobrevivir a quien, en el fondo de su alma, ama ardientemente. Tristán, que se halla en el mismo caso, acepta gozoso una muerte que será una liberación. Pero el filtro amoroso condenará a ambos a seguir viviendo, devorados por una pasión imposible e inextinguible.


ACTO II
La noche, fiel guardián de su amor, reunirá a los enamorados. Isolda, cuando ya ha partido su esposo con los cazadores, apaga la antorcha; es la señal convenida. Acude Tristán y en apasionado coloquio aguardan los dos la llegada del día, bajo la vigilancia de la fiel Brangane. Pero Melot, el falso amigo, les ha tendido una celada y Marke sorprende a los amantes. Tristán no trata de huir, sino que desea la muerte, y al no defenderse recibe una herida mortal.

ACTO III
Kurwenal ha llevado a su señor al derruido castillo de su padre. Allí, fija la mirada en el océano, reposa el héroe moribundo, suspirando por Isolda, en cuya busca mandó Kurwenal un mensajero. El caramillo de un pastor deberá anunciar la llegada del barco. Al fin es avistada una vela; Tristán reúne todas sus fuerzas para recibir a la amada y cae muerto en el momento en que ella le estrechaba entre sus brazos. Marke, piadoso, se presenta dispuesto a perdonar, pero ya es tarde y sólo puede presenciar la muerte de Isolda.

El preludio, construido sobre varios de los principales temas en que luego se desarrollará el drama, viene introducido por la presentación del tema de la confesión, cuyo cromatismo manifiesto es un presagio de la técnica que va a imperar en toda la partitura. La elocuente combinación de los momentos líricos con la explosión orquestal, junto a la omnipresencia del tema de la mirada, motivo principal del primer acto, es un ejemplo del arrobamiento de la partitura del drama.
Momentos célebres de esta ópera, además de su preludio, el dúo de amor del segundo, el preludio que inicia el tercero, la agonía de Tristán y la archifamosa muerte de Isolda.
Uno de los momentos culminantes de Tristán e Isolda es el encuentro amoroso, minuciosamente pintado por Wagner; unos breves momentos a cargo de la cuerda describen el tema de la impaciencia que desemboca en el clímax del encuentro. El diálogo se vuelve entonces breve y acelerado sobre una orquestación que insiste en el mismo tema. Ambos protagonistas cantan a dúo, mientras los violines establecen el necesario lirismo con sus notas mantenidas en el registro alto. Es el momento más arrebatador de la escena, que cuenta con el apoyo del arma y la delicada intervención de la cuerda y el viento para crear el ambiente propicio de amor. Éste reaparece en el dúo hacia el final, en esta ocasión sobre el tema de la felicidad, que conduce la escena hacia el clímax. Por dos veces se intercala en esta escena, desde fuera del escenario, la voz de advertencia de Brangane, vigilando, preocupada, que nadie descubre a los amantes, con frases de excepcional belleza.



ROMANCE ANÓNIMO
(Siglo XV)

Ferido está Don Tristán/ de una muy mala lanzada./ Diérasela el rey su tío/ que celoso dél estaba./ El fierro tiene en el cuerpo,/ de guerra el tiembla el asta./ Valo a ver la reina Iseo/ por la su desdicha mala./ Júntanse boca con boca/ como palomillas mansas./ Llora el uno, llora el otro,/ la cama, bañan en agua./ Allí nace un arboledo/ que azucena se llamaba,/ cualquier mujer que la come/ luego se siente preñada./ Comióla la reina Iseo/ por la su desdicha mala.

viernes, 6 de agosto de 2010

COLORES

Estaba yo leyendo en una base de datos cuando me encontré con esta frase: De gustibus et coloribus non est disputandum. (De gustos y colores no se debe disputar). Frase proverbial atribuida a los escolásticos de la edad media y con la que se daba a entender que en cuestión de gustos toda persona es libre de tener los suyos particulares. Y me dije: Quizás no se deba disputar, ni discutir, ni debatir; pero se puede hablar. De colores, digo. ¿Me permitís hablar de colores? Creo que sí...
Color es la cualidad de los objetos que les permite reflejar o dejar pasar ciertos rayos de la luz y absorber otros, produciendo así en la retina una sensación específica. Hay cinco colores heráldicos: gules=rojo, azur=azul, sable=negro, sínople=verde y púrpura=morado; seis colores litúrgicos y los siete en que se descompone la luz blanca.


Como el color rojo, La Roja, está de moda, podíamos empezar a hablar de este color.
Rojo... roso... rosa... Rojo quiere decir de color encarnado muy vivo; roso nos remite a rojo; rosa es el color parecido al de la rosa común; colorado da a entender que es de color rojo; encarnado es de color de carne; encendido es de color muy subido; carmesí se aplica al color de grana dado por el quermes animal; punzó se dice del color rojo muy vivo; brasilado, de color encarnado; abrasilado, del color del palo brasil; sangriento y sanguíneo, de color de sangre; ígneo, de color de fuego; alazán, se dice del color rojo, parecido al de la canela; aborrachado, de color encarnado muy encendido; encarnadino, encarnado bajo; rusiente, que está rojo o candente por la acción del calor; purpúreo, de color de púrpura; granate, es el color rojo obscuro; escarlata es el color carmesí, menos subido que el de la grana; coccíneo es igual que purpúreo; grancé es el color rojo que resulta de teñir los paños con la raíz de la rubia o granza; coralino, de coral o parecido a él; tinto, rojo obscuro; almagrado, de color de almagre; lacre, de color rojo; carmíneo, de color de carmín; carminoso, de color que tira a carmín; ardiente, de color rojo; rojeante, que rojea, que tira a rojo; rodeno, también nos remite a rojo; rojizo y rojal, que tira a rojo; bermejo, rubio rojizo; bermejizo, que tira a bermejo; bermejón, de color bermejo o que tira a él; bermejuelo nos remite a bermejo...
Después de esta retahíla, y como aún quedan en el tintero algunos colores más sinónimos de rojo, dejo el resto para lidiar otro día, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide... O los antitaurinos.

PARSIFAL

Ópera en tres actos, con música y texto de Richard Wagner, estrenada en Bayreuth, ciudad bávara a orillas del Main, sede de unos famosos festivales wagnerianos anuales.

ACTO I

Bosque a orillas de un lago en los dominios del santo Grial. Ningún remedio puede curar la herida de Amfortas. Según una profecía, solamente podrá salvarle un espíritu simple y puro de corazón, a quien la piedad haya hecho prudente y sabio. Entre gritos airados es atraído un cazador furtivo que, habiendo penetrado en el sagrado coto, acaba de matar un cisne; los caballeros exigen su pronto castigo. El cazador reconoce su falta y, dolorido, rompe su arco; es reconocido por Kundry, que sabe en detalle la vida del joven Parsifal. Gurnemanz cree ver en Parsifal el elegido para salvar a Amfortas y le invita a presenciar la ceremonia de la consagración del santo Grial para probarle. Al no obtener éxito, le expulsa.

ACTO II

Castillo de Klingsor. El mago, para conseguir la perdición del joven héroe, trata de servirse de Kundry. Parsifal inicia la lucha contra el maléfico poder de Klingsor y, en un lujuriante jardín mágico, Parsifal se ve asaltado por la tentación de las doncellas. Pero él sabe triunfar sobre la tentaciones carnales y recordando el santo Grial se dispone a huir. Kundry, le detiene para hablarle de su madre Herzeleid y despertar en Parsifal amorosos anhelos. Kundry le besa apasionadamente y despierta sus sentidos. Así nace también la comprensión, y se da cuenta del dolor de Amfortas, sintiendo deseos de contribuir a la curación de su vieja herida, Kundry, despechada al verse repudiada, maldice a Parsifal y pide a Klingsor que le mate; el mago arroja fieramente la lanza sagrada contra el joven caballero, mas el arma queda suspendida en el aire sobre la cabeza de Parsifal; éste la empuña y al trazar con ella el signo de la cruz el mágico jardín queda súbitamente destruido. Parsifal se aleja llamando a Kundry a la senda del bien.

ACTO III

Gurnemanz pide al cielo su muerte, desesperado ante la tragedia de Amfortas. Es el día de Viernes Santo y en él se espera que el santo Grial opere grandes maravillas. Un caballero se acerca entonces, vistiendo armadura negra y cubierto el rostro. Al levantar la visera, Gurnemanz reconoce en él a Parsifal, el salvador que vuelve. Tras ungir Gurnemanz al héroe y bautizar éste a Kundry, se encamina al castillo en que se guarda el Sagrado Cáliz. Allí, Parsifal, tocando la herida del rey con la lanza, logra instantáneamente una milagrosa curación, alza el cáliz resplandeciente y Kundry cae redimida a sus pies. Desde la altura desciende la Santa Paloma, que viene a posarse sobre la cabeza del héroe.

La obertura que sirve de umbral a esta grandiosa obra es un prodigio de instrumentación; comienza con el tema de la Santa Cena, cuyos acentos religiosos aparecen penetrados de tristeza y hallan eco en un coro angélico. La sensación de amargura se enlaza con los esperanzadores sones de un nuevo tema, el del santo Grial, que se mezclan con un tercero, evocador de la fe. Estos tres motivos centrales se hallan fundidos por una bellísima cadencia que Wagner recoge de la tradición de la primitiva litúrgica germánica.
El final del primer acto debe considerarse como una de las obras maestras de la música de todos los tiempos: la escena de la consagración del santo Grial, encendido canto que lleva al éxtasis. Acompañado del tañido de campanas y un coral solemne, constituye uno de los mejores momentos de la obra de Wagner.
Como pasaje descollante del segundo acto, se nos muestra el luminoso fondo orquestal que pinta las magnificencias y seducciones del jardín mágico de Klingsor, tal como se ofrecen a la mirada del joven Parsifal.
El bello preludio del tercer acto comenta las andanzas de Parsifal, siempre agobiado por el recuerdo de la maldición de Kundry y sediento de encontrar por fin el Montsalvat en que deberá depositar la lanza sagrada que lleva consigo. Especial mención merece la “Marcha fúnebre” del rey Titurel, que, no obstante alcanzar suma grandiosidad, no llega a igualar la de El ocaso de los dioses.
La escena final de esta imponente obra es un acabado modelo en su género, siendo decisiva la intervención de los coros. En este final se entrelazan maravillosamente los temas de la Santa Cena, el Grial, la fe y las campanas del templo.

PERCEVAL

Perceval ou Li contes del Graal, novela en verso de Chrétien de Troyes, escritor francés, (c. 1135-c.1183). Son escasísimas las noticias que se tienen sobre su vida. Se le ha intentado identificar con diferentes individuos llamados Chrétien y que vivieron en Troyes, la Augustobona de los romanos, en la misma época.


Perceval es la última obra de este poeta, que quedó inacabada. El héroe, a pesar del aislamiento al que le había sometido su madre para alejarle de la vida caballeresca, abraza la carrera de las armas, va al castillo del rey Artús y se inicia en las leyes de la caballería. En el curso de sus aventuras llega al misterioso castillo del rey Pescador y asiste a la procesión del Graal, pero no se atreve a pedir ninguna explicación sobre la extraña ceremonia, que, no obstante, le obsesiona. Diversas advertencias le llevan a comprender que su silencio le ha impedido llegar a la verdad, así como librar al rey Pescador de sus males. Aquí termina la narración de Chrétien de Troyes, pero Perceval reaparece en todas las obras que constituyen el ciclo del Graal. El poeta alemán Wolfram von Eschenbach, en su Parzival, dio un nuevo giro al tema: el héroe, tras el episodio del castillo, encuentra el estado de gracia en su visita a un ermitaño el día de Viernes Santo, pudiendo así liberar al rey Pescador. Fue el poema de Eschenbach el que inspiró a Richard Wagner en su Parsifal.

viernes, 30 de julio de 2010

LOHENGRIN

Ópera en tres actos, con música y texto de Richard Wagner, estrenada en el Teatro de la Corte de Weimar, el 28 de agosto de 1850.

ACTO I
Una llanura a orillas del Escalda. Elsa, hija del difunto duque de Brabante, comparece ante el rey Enrique, acusada por su tutor, el conde Telramund, de la muerte de su hermano Godofredo, heredero de la corona ducal.Elsa se presenta, vindicando su inocencia. Luego cuenta que, hallándose un día rezando, se quedó dormida y vio en sueños a un caballero que, cubierto de una brillante armadura, acudía a consolarla y animarla. El relato enternece al rey, pero Telramund insiste en su acusación, declarándose listo para el “juicio de Dios”, luchando contra el noble que quiera erigirse en defensor de Elsa. La joven invoca entonces al caballero de su sueño, al cual ofrece su mano. Un heraldo conmina al campeón de la princesa a que se presente y, tras unos momentos de angustioso silencio, aparece, navegando por el río, una barquilla arrastrada por un cisne y ocupada por un apuesto caballero con armadura de plata. Es Lohengrin que, desembarcado y después de despedir al cisne, declara que viene a defender a la doncella, cuya mano pide para el caso de salir vencedor, si bien con la condición de que Elsa prometa solemnemente no preguntarle nunca su nombre ni su origen. Ella accede; se riñe el combate, Lohengrin derriba a Telramund y, generoso, le perdona la vida.


ACTO II
Un patio en el castillo de Amberes. Telramund y su esposa Ortrud conciertan el modo de eliminar a Lohengrin: despertar sospechas en el corazón de Elsa induciéndola a quebrantar su promesa, mientras ellos acusan de brujo al héroe ante el monarca. Consiguen lo primero, mas no lo segundo.

ACTO III
Cuadro 1º Cámara nupcial. Elsa no sabe resistir y, al quedarse sola con su esposo después de la ceremonia nupcial, le dirige la velada pregunta. Telramund y sus cómplices irrumpen en la estancia para asesinar a Lohengrin, pero el héroe da muerte al conde traidor. Sin embargo, la doncella, con su pregunta, ha sellado su muerte; Lohengrin habrá de abandonarla después de revelar ante el rey su nombre y su origen.
Cuadro 2º El mismo paraje del acto I. El cadáver de Telramund es conducido a presencia del rey, el cual absuelve a Lohengrin de toda culpa. Entonces éste revela el secreto de su personalidad. Él es hijo de Parsifal y caballero del Grial, y su nombre es Lohengrin. Volviéndose luego a Elsa, le expresa su pena por tener que abandonarla. Entre tanto, llega de nuevo la barquilla conducida por el cisne. Ortrud, en un momento de ira, declara que encantó a Godofredo y lo convirtió en cisne. La paloma del santo Grial desciende sobre el cisne, que recupera la personalidad de Godofredo y abraza a su hermana. Lohengrin sube a la barca que, conducida ahora por la paloma, desaparece. Elsa cae muerta.

Del primer acto destaca la llamada a juicio contra Elsa, con su relato del sueño: “Einsam in trüben Tagen/ hab’ich zu Gott gefleht”. Este arioso está compuesto de tres estrofas insertadas en el desarrollo dramático sin romper su progresión, de las cuales la primera cumple la función del viejo recitativo que precede al aria. De gran brillantez es también su plegaria “Du trugest zu ihm meie Klage”.
En el segundo acto, después de la escena inicial entre Ortrud y Telramund, Elsa tiene una intervención ariosa en forma de lied, “Euch Lüften, die mein Klagen so traurig oft erfüllt”, que expresa la inocencia y fragilidad de la joven en medio de la noche de felicidad. Luego canta con Ortrud un hermoso dúo.
Inicia el tercer acto un brillante y vigoroso preludio, descriptivo de la alegría y embriaguez de la fiesta de esponsales. Se trata de una pieza que se puede separar: durante algún tiempo se interpretó el contraste entre la multitud y la intimidad de los desposados, que entran al final de la obra en la cámara nupcial guiados por el rey y acompañados por un pequeño séquito de hombres y mujeres, quienes cantan la conocida “Marcha triunfal” denominada en la ópera “Canción nupcial” (“Treulich gefúhrt”).

LA EUBOLIA

La eubolia -no confundir con la abulia- es la virtud que ayuda a hablar convenientemente, y es una de las que pertenecen a la prudencia. Convenientemente quiere decir, como todos sabemos, hablar bien y con sensatez. La prudencia es la primera de las virtudes cardinales, fundamentales; las otras tres, es bien sabido, son la justicia, la fortaleza y la templanza, que perfeccionan y elevan las adquiridas naturalmente y sostienen la vida moral del hombre.

Literalmente, virtud significa fuerza o capacidad de acción. Para Sócrates y Platón es la consecuencia de la comprensión racional del fin y de los medios a que se dirige la acción. A partir de Aristóteles, quien la conceptuó como el punto medio entre dos vicios, se destaca el poder de la voluntad, que pasó a ser, junto con la inteligencia, un elemento constituyente de la virtud. En este mismo sentido la interpreta Kant al definirla como la fortaleza moral de obrar de acuerdo con los principios del deber.

Prudencia es sinónimo de moderación, mesura, medida, precaución, cautela en la manera de ser o de actuar. (“La prudente cautela mucho vale”. Fábula de El león y la zorra. Samaniego); prudencia es, también, discreción, cordura y buen juicio. “¡Cuánto importa saber con quien se trata!”. Fábula de El lobo y la oveja, del mismo Samaniego.

En la iconografía, la Prudencia ha sido representada a menudo bajo la forma de una joven cuya cabeza, como la de Jano, ofrece una segunda cara, la de un viejo barbado: A. Pisano (campanile de Florencia), M. Colombe (sepulcro de Francisco II de Bretaña, Nantes). Sus atributos son generalmente el espejo, el compás y la serpiente: Bernini (sepulcro de Alejandro VII, Vaticano), Pollaiuolo (Florencia), Giovanni Bellini (Academia, Venecia), Rafael (La Prudencia rodeada de la Moderación y la Fuerza, Vaticano), Veronés (palacio Ducal, Venecia), S. Vouet (Montpellier), J. Martínez Montañés (retablo de San Isidoro del Campo, Santiponce), A. de Mena (retablo relicario de la Capilla real de Granada).

Justicia es la concepción que cada época, civilización, etc, tiene del bien común. Justicia es comportamiento justo; trato justo. Hacer justicia es otorgar a alguien aquello de que se le cree merecedor. Justicia es sinónimo de equidad, rectitud. (La justicia comporta la adaptación a leyes creadas por los hombres y que llevan implícitos intereses. La equidad es la observancia de la ley natural; la rectitud, el ser consecuente con la propia ética).

La Justicia se representaba en la antigüedad clásica bajo el aspecto de la diosa Themis. En la iconografía moderna es una mujer en pie o entronizada, a veces con los ojos vendados, que tiene en sus manos una balanza y una espada. Es la virtud cardinal que con más frecuencia se ha representado. Se encuentra en edificios públicos: pinturas de Pollaiuolo para la Mercanzia (Uffizi, Florencia), de A. Lorenzetti (El buen gobierno), y de Beccafumi en el palacio comunal de Siena, de Holbein en el gran consejo de Basilea (desaparecida), de Delacroix (cámara de diputados, París); esculturas de Benedetto de Maiano para el Palazzo Vecchio (Uffizi), de Godecharle (frontón del palacio de las naciones, Bruselas). La imágen de la Justicia decora muchos sepulcros: de B. Giugni por Mino da Fiesole (Florencia), de Paulo III por Guglielmo della Porta (Roma), de Urbano VIII por Bernini (Roma). Cabe citar también una escultura del siglo XIV, en el claustro de Amalfi; pinturas de Giotto (Arena de Padua), Rafael (cámara de la Signatura, Vaticano), L. Giordano (La Justicia desarmada por el Amor y la Ignorancia, Nápoles), Salvator Rosa (La Justicia expulsada de las ciudades se refugia en el campo, Viena), Rottenhamer (La Justicia y la Paz, Beçanson), Tiépolo (Bérgamo); un grabado de Durero, etc. La Justicia de Trajano fue pintada por Van der Weyden en el palacio comunal de Bruselas (obra perdida, de la que hay copia en tapicería); La Justicia de Otón III, por Dirk Bouts (Bruselas); La Justicia de Cambises, por G. David (Brujas).

Como la Fortaleza y la Templanza no tienen iconografía damos por terminado aquí el presente trabajo.

sábado, 17 de julio de 2010

EL HOLANDÉS ERRANTE

Der fliegende Holländer, ópera en tres actos, letra y música de R. Wagner, conocida también con el título de El buque fantasma. Esta ópera se estrenó, en 1843, en Dresde. Wagner concibió la idea de este drama con ocasión de una tempestad en el estrecho de Skagerrak en la azarosa travesía del viaje con dirección hacia Londres. El argumento se basa en la leyenda del holandés condenado a errar por los mares mientras no encuentre una mujer que le ame fielmente hasta la muerte. El condenado puede descender de su nave cada siete años para buscar a la joven capaz de redimirle. Senta, hija del marinero Daland y prometida de Erik, conoce al holandés y se enamora de él. Después de numerosas peripecias, Senta acaba por lanzarse a las olas embravecidas en las que se hunde el navío maldito, mientras suben al cielo los cuerpos enlazados de los dos amantes. Aunque en la época en que compuso esta ópera Wagner se ceñía, todavía, a las viejas formas, El holandés errante señala ya una etapa en la evolución en el drama wagneriano y algunas de sus páginas gozan de una merecida celebridad. Entre ellas, la obertura y la Balada de Senta.

ACTO I

El barco del noruego Daland, acosado por la tempestad, ha anclado en la costa, a varias millas del puerto. En la lejanía aparece otra nave, la del holandés errante, que desespera de hallar la mujer que pueda redimirle.

Daland le habla de su hija Senta. El holandés, sintiendo revivir la esperanza, le ofrece todas sus riquezas a cambio de la mano de aquella hija, a lo cual el padre accede.

ACTO II

En una estancia de la casa de Daland, Senta y varias doncellas, agrupadas en torno a la chimenea, hilan y cantan. Senta permanece absorta mirando el retrato de un hombre pálido, vestido de negro y canta la balada del holandés errante, el personaje del retrato, que ha despertado en su alma un amor compasivo. Al terminar su canción declara, presa de arrobamiento, que quiere ser ella la redentora del infeliz. Erik, enamorado de Senta, que ha entrado y oído el final de la balada y el juramento de la doncella, se desespera ante su decisión, que arruina todas sus esperanzas.

Aparecen Daland y el holandés, en quien Senta presiente al objeto de su piadosa pasión. En el corazón del holandés se despierta intenso amor por Senta y pronto aquella relación se convierte en noviazgo.

ACTO III

La tripulación del holandés se burla de su capitán, que nunca encuentra una mujer fiel. Han de partir, pues el plazo expira.

Senta sale de la casa, seguida de Erik. Éste le pide que no se case con el forastero y le recuerda la hora en que su padre, al partir, la confió a su protección. La presión de su mano fue entonces prenda de su amor. El holandés, que ha asistido a la escena sin ser visto, cree que Senta jugará con su pasión como con la de Erik. Todo está, pues, perdido. Despídese de Senta y, a pesar de las protestas de la joven, sube a bordo y ordena levar anclas. Senta, arrancándose de su padre y Erik, que tratan de retenerla, sube a una peña y desde allí se arroja al mar. Este sacrificio anula el castigo que pesa sobre el holandés, cuyo barco se hunde, mientras él y la muchacha, surgiendo de las olas, se elevan a los cielos.

Una introducción para Daland, con el coro de marinos noruegos, abre la ópera. Éstos cantan gozosos por haberse librado de la tempestad que aún ruge. A continuación viene el canto del Timonel. Wagner, que rechazaría pronto la forma tradicional de aria, escribe todavía en estas óperas de juventud algunas piezas más o menos comparables a aquélla. El piloto va adormeciéndose al compás de las notas. Después de una introducción tempestuosa aparece el fantasmagórico personaje del holandés para cantar sus escasas esperanzas y sus temores ante la nueva oportunidad que se le ofrece. En el fondo de su canto oímos la tempestad en la orquesta y el tema del buque. Es una pieza brillante y muy exigente para la voz. Del segundo acto destacan la balada de Senta, dividida en tres estrofas: cada una nos presenta, primero, el tema del buque y después (iniciándose propiamente la balada) un tema brusco en el que la voz debe efectuar saltos considerables, para finalmente llegar a un tema melódico de gran belleza. Otro momento destacado es el aria de Daland; éste presenta al holandés a su hija, a los sones de una orquesta que parece iniciar un tema cortesano o de danza al que recurre varias veces durante esta pieza, no muy profunda, pero ciertamente atractiva. Del último acto destaca su final, en donde los gritos de Erik congregan a todos en escena a tiempo para ver huir al holandés en su buque. Cuando Senta esquiva a los demás y se lanza al mar, se vuelve a escuchar, por última vez, el tema del buque en todo su esplendor.